“Esto
fue mucho más profesional: Abrieron las vitrinas, escogieron
cuidadosamente las piezas, las sacaron sin arrastrarlas, sino
levantándolas delicadamente y luego cerraron las vidrieras. Sabían qué
hacían”. Era septiembre de 2016 y Joaquín Pacareu recordaba al diario El
Mercurio un robo que afectó a su tienda de antigüedades casi un año
antes.
En aquella oportunidad, al menos 18 piezas de importante valor
histórico fueron sustraídas del local que ya había sufrido asaltos.
Hasta la fecha, las figuras, entre las que se encuentra un Cristo
colonial del siglo XVIII con ojos de vidrio y un arcángel del siglo
XVII, aún no son encontradas. Situación similar ocurrió en 2008 en el
domicilio de un hombre en Cachagua y al coleccionista Ricardo Mac
Kellar, quien contaba con cuadros de los pintores chilenos Pedro Lira,
Juan Francisco González y Arturo Gordon.
Actualmente,
la Brigada Investigadora de Delitos contra el Medio Ambiente y
Patrimonio Cultural (Bidema) de la PDI mantiene en su página Web un
catastro de las obras sustraídas en los últimos años. El listado
contempla 193 piezas, entre las que se encuentran esculturas, pinturas,
joyas y figuras religiosas. Sin embargo, desde la policía explicaron a
Emol que son un poco más, ya que no todas las búsquedas son publicadas
con el fin de no entorpecer la investigación.
“Las piezas generalmente
se roban de museos, domicilios particulares, plazas o tiendas
comerciales”, indicó el subprefecto Pablo Ibarra, jefe de la Bidema
Metropolitana, agregando que la mayoría de las denuncias están
relacionadas a daños a monumentos y no precisamente por estos casos.
“Nosotros vamos revisando en páginas abiertas de Internet donde se
ofrece la compra y venta, para luego informar a la Fiscalía. También
trabajamos junto al equipo del Cibercrimen, ya que ellos son quienes
monitorean la “deep web”-Internet profunda- y pueden encontrar
publicaciones similares”, añadió el detective.
El último hallazgo
ocurrió el fin de semana en la región de O’Higgins, cuando el equipo de
la brigada que funciona desde hace 16 años y cuenta con seis unidades,
encontró ocho esculturas, dos estatuas, cofres de plata, además de
fósiles que tendrían una data de nueve mil años. La pista fue la
publicación en un diario nacional de unas imágenes donde se veían las
obras.
De acuerdo a Ibarra, las motivaciones detrás de estos casos son
tres: robo por encargo, especialmente por parte de coleccionistas;
asaltos que tienen como objeto vender posteriormente las piezas en
Internet, ferias artesanales o mercados informales; y quienes buscan
materiales que puedan ser fundidos. Esta última hipótesis era la que
barajaba la Bidema respecto una escultura encontrada el domingo.
“No es una investigación fácil”
Las
búsquedas no solamente contemplan piezas de propiedad nacional. Así,
cinco de de los 193 encargos vigentes son patrimonio cultural de
Bolivia. Ante esto, Ibarra explicó que la brigada trabaja junto a
Interpol “de manera que cada país haga sus notificaciones.
Cuando hay
una pérdida se avisa a los puntos fronterizos, los cuales también son
controlados por personal de la PDI, y se emite una alerta internacional
que aparece en un programa en línea donde se colocan imágenes”.
Actualmente, se indaga si hubo tráfico de arte respecto a un cuadro
pintado por el holandés Salomón Konick en el siglo XVII, que al parecer
sería botín de guerra nazi y que hoy se encuentra en la casa de subastas
Christie’s, en Nueva York.
El detective admite que “no es una investigación fácil. Generalmente
con los hurtos o robos no hay antecedentes claros o cámaras de
seguridad que graben la situación. Es difícil el trabajo de
empadronamiento o no es posible encontrar gente que hubiese presenciado
el delito”.
Pese a esto, destaca que sí es posible obtener resultados
positivos. En marzo de este año, un hombre de nacionalidad china fue
detenido en Iquique con 200 fósiles. Los detalles de cómo estos restos
arqueológicos fueron obtenidos o hacia donde se dirigían son materia
reservada, aseguró.