Nivel de ruido bajó un 75% gracias a la ausencia de vehículos

El
pasado 23 de marzo, luego de la primera jornada de toque de queda por
la emergencia sanitaria en todo el territorio nacional, el país amaneció
más silencioso. Así, al menos, lo demuestran las cifras que los
expertos empiezan a analizar para calcular el impacto del coronavirus en
la contaminación acústica.

Los
datos recopilados por la U. Autónoma —en un proyecto Anid + Fondecyt
patrocinado por el Ministerio del Medio Ambiente— comparan el ruido
percibido en dos estaciones de monitoreo ubicadas en Providencia (Santa
Isabel con Salvador) y Ñuñoa (Irrarázaval con Pedro de Valdivia). Los
resultados muestran que la reducción ha sido significativa.

La primera medición corresponde a los niveles de ruido promedio
por hora percibidos entre el 1 y el 20 de marzo, y la segunda a lo que
se registró entre el 21 y 27 de marzo. El ruido se mide en decibeles
(dB) en una escala logarítmica, por lo que no tiene una proporción
lineal. Es parecido a lo que ocurre con la escala Richter para medir la
magnitud de los sismos.

Entre
las 7:00 y las 23:00 horas, el promedio bajó en dos decibeles en
Providencia y uno en Ñuñoa, pero el mayor cambio se registró en la
noche, entre 23:00 y 07:00 horas. En ambos lugares, el descenso fue de 6
dB, lo que quiere decir que la energía acústica, en la escala
logarítmica, se redujo en un 75%.

El
descenso se volvió “notorio” a partir del sábado 21 de marzo, pero se
acentuó desde el día en que la autoridad sanitaria decretó el toque de
queda. En Providencia, por ejemplo, la disminución fue progresiva: se
registraron 66 dB el día 20 de marzo, 59 dB al día siguiente, 57 dB el
día después y 56 dB el 23 de marzo. En Ñuñoa, en tanto, entre el 22 y el
25 de marzo se redujeron 7 dB.

La influencia del transporte público

El
escenario en Ñuñoa cambia durante el día, donde los niveles se
redujeron pero de forma acotada. En algunas horas, incluso, el nivel
actual superó el anterior. Para el Ministerio de Medio Ambiente, la
diferencia está dada por el hecho de que Irarrázaval es una calle que
mueve más transporte público que Santa Isabel.

Esa
sería “la fuente más influyente en los niveles de ruido en su entorno”.
“Ello explica que se haya observado un cambio a partir del toque de
queda y no antes”, explica un informe de la cartera al cual tuvo acceso
Emol.

(Emol).

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