¿Por qué los chilenos no corren cuando hay terremotos?

Cosa de tiempo

Lo primero es que estan acostumbrados.

A lo largo de su historia, Chile ha sido golpeado por numerosos terremotos.

De hecho, el más grande del que se tiene
registro (de magnitud 9,6 en la escala de Richter) ocurrió en la sureña
ciudad de Valdivia en 1960.

Eso hace que desde niños se hagan a la idea
de que los temblores serán una constante en sus vidas. Es
inevitable. Antes o después, el suelo se moverá bajo sus pies.

Desde niños participan regularmente en
simulacros organizados en los colegios y aprenden que mantener la
calma y evacuar en orden es más seguro y eficaz.

También saben que un gran número de
edificaciones cumplen estrictas normas antisísmicas que hacen más
difícil que se derrumben.

No es que no se asusten -hay gente que les
tiene pánico y sí huye despavorida. O peor aún, se producen muertes por
infarto, como ocurrió el martes.

Pero la mayoría, aprenden a poner en perspectiva. Y a esperar.

Por ejemplo: si ocurre de noche y uno está
acostado, se toma un tiempo para sopesar si vale la pena salir de la
cama. De hecho, la mayoría de las veces no es necesario.

Los terremotos no siempre empiezan con grandes
remezones. La intensidad puede ir aumentando en forma paulatina, desde
un movimiento casi imperceptible a uno en que es imposible mantenerse en
pie.

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