Sin
cuartel y con todo, prometen en la UDI, se vienen las próximas
elecciones internas del 2 de diciembre. A tres meses de ese duelo, la
senadora Jacqueline Van Rysselberghe busca renovar su mandato por dos
años más y mantener a raya a la disidencia, y por otro lado el diputado
Javier Macaya busca irrumpir con un proyecto de renovación de rostros
que tome el control del partido por los próximos años.
Con tanto en
juego, y tratándose nuevamente de una elección un militante un voto, las
presiones de ambos bandos por cosechar apoyos han recrudecido. Los
respectivos equipos de campaña se han concentrado en matricular a
líderes y personeros. Mientras algunos ya lo han hecho, otros han jugado
casi porfiadamente al misterio, con disímil éxito.
Donde
más se ha notado esto es en el gobierno. En el Ejecutivo señalan que,
por ejemplo, ya se le ha hecho ver a ministras y ministros gremialistas
-aunque no con especial énfasis, se reconoce- que se abstengan de hacer
campaña en público.
Un
caso es el de la ministra de la Mujer y Equidad de Género -y potencial
presidenciable gremialista- Isabel Plá, quien hace aproximadamente un
mes ya hizo presente que se marginará, y así se lo comunicó a la
senadora. Otro caso distinto, y que se mantiene en suspenso, es el del
titular de Bienes Nacionales, Felipe Ward, quien alcanzó a postular en
la interna pasada (2016) pero se bajó.
Esta
vez, sostienen en el partido, el exjefe de sus diputados gremialistas
por pedir alguna clase de dispensa para manifestar apoyo, lo que de
ocurrir no sería -adelantan en La Moneda- nada de bien visto.
Tampoco ha dicho con quién está el ministro de Justicia y expresidente
Hernán Larraín, aunque ni el equipo de la senadora esperan su respaldo.
Recuerdan que ambos tuvieron varios encontrones cuando él presidió el
partido, fundamentalmente por su momentánea inclinación a que se
sancionara a los dirigentes implicados en casos como Penta, partiendo
por Jovino Nova. Esa vez, ella llegó a poner su renuncia al partido
sobre la mesa.
Tampoco
se han matriculado con nadie, al menos explícitamente, los alcaldes de
Las Condes, Joaquín Lavín y de Providencia, Evelyn Matthei.
Entre los subsecretarios, Pablo Terrazas (Minería) está comprometido con la timonel.
¿Y
el gran elector, Andrés Chadwick? El ministro del Interior es lejos el
“coronel” más influyente de la UDI, pero hasta ahora, se ha limitado a
dar -dicen en los dos comandos- garantías a los contendores. Su cercanía
con Macaya, cuya carrera política hasta cierto punto ha patrocinado, lo
condiciona.
Pero
Van Rysselberghe se ha jugado por alcanzar un entendimiento tácito con
Palacio: hacer de dique para que no se genere una fuga de militantes a
las arcas de José Antonio Kast (Acción Republicana), por lo que ha
cargado su discurso más a la derecha -si se puede- en temas como
derechos humanos y el aniversario del golpe.
Fuera
del aparato gubernamental, la gran baja de la presidenta UDI es el otro
“coronel” aún activo (Pablo Longueira aguarda condena judicial por el
caso Corpesca y Jovino Novoa está fuera de combate, aunque en el equipo
de la senadora dicen contar con las redes de ambos), el senador Juan
Antonio Coloma.
De haber sido uno de los impulsores de la candidatura
anterior de la exintendenta, hoy tiene su posición comprometida porque
su hijo y diputado homónimo será secretario general de la lista de
Macaya. Hasta ahora, cuando se le pregunta señala estar en “reflexión”.
También se alineó con el diputado el expresidente Patricio Melero.
En
medio de este cuadro, Macaya brega por comprometer más nombres para
completar su lista, y especialmente preocupado de extender esos amarres a
dirigentes territoriales y comunales. Su base de apoyo entre los
diputados recorrerá regiones en estos días, incluyendo una desafiante
visita al Biobío, bastión histórico de la jefa UDI. Van Rysselberghe, en
tanto, podría anunciar su lista a fines de la próxima semana.