El reciente repunte en la confianza de los consumidores a nivel nacional comenzó a generar expectativas también en regiones. Según el último informe de Ipsos, el Índice de Confianza del Consumidor (CCI) alcanzó en febrero los 50,3 puntos, superando por primera vez desde julio de 2019 el umbral que divide el terreno pesimista del optimista.
El indicador registró su cuarto avance mensual consecutivo y acumuló un alza de 4,9 puntos en comparación con el mismo mes del año pasado, consolidando una tendencia de recuperación gradual en el ánimo económico de los hogares chilenos.
De acuerdo con el análisis nacional, uno de los factores que impulsó el alza fue la mayor percepción de estabilidad laboral. Más personas consideran poco probable perder su empleo en los próximos meses, lo que influye directamente en la disposición al consumo. Asimismo, mejoraron las expectativas sobre la situación económica futura del país.
No obstante, el componente relacionado con la inversión mostró una leve desaceleración, lo que evidencia que, si bien existe mayor optimismo, las decisiones de gasto de mayor envergadura aún se toman con cautela.
En el contexto internacional, Chile se ubicó en el puesto 14 entre 30 economías evaluadas y cuarto en América Latina, lo que refleja una mejora relativa dentro de la región.
Si bien la medición es de carácter nacional, en Punta Arenas el dato no pasa inadvertido. El comercio y los servicios (sectores clave en la economía magallánica) dependen en gran medida de la confianza de los hogares para dinamizar ventas e inversiones.
Durante la temporada estival, el flujo turístico ha contribuido a un mayor movimiento en el centro de la ciudad. Sin embargo, comerciantes locales señalan que el consumo continúa siendo selectivo, especialmente considerando que Magallanes mantiene costos de vida superiores al promedio nacional.
Expertos sostienen que una mejora sostenida en la confianza podría traducirse en mayor dinamismo en sectores como el retail, la gastronomía y el turismo durante el primer semestre de 2026, siempre que variables como la inflación y el empleo mantengan una trayectoria estable.
Aunque el retorno a terreno positivo constituye un hito tras más de seis años en cifras negativas, analistas coinciden en que el desafío será sostener este repunte en el tiempo. Factores externos, como el escenario económico internacional, y variables internas, como el crecimiento y la estabilidad laboral, serán determinantes para consolidar la recuperación.
Para Magallanes, donde la economía presenta particularidades estructurales y mayores costos logísticos, el optimismo nacional abre una ventana de oportunidades. No obstante, la consolidación de esa confianza dependerá de que los hogares perciban mejoras reales en su poder adquisitivo y estabilidad financiera.