A solo siete días de que los peruanos acudan a las urnas para elegir a su próximo mandatario, la incertidumbre es total. El más reciente sondeo de la consultora Ipsos, difundido por el diario Perú 21, reveló que la candidata de derecha Keiko Fujimori mantiene una ventaja milimétrica sobre el izquierdista Roberto Sánchez, configurando un escenario de empate técnico de pronóstico reservado.
Según el estudio, la líder de Fuerza Popular concentra el 38% de las intenciones de voto, mientras que el abanderado de Juntos por el Perú le pisa los talones con el 35%. La clave de la elección estará en manos del 15% de ciudadanos que aún se declaran indecisos y un 12% que optará por el voto blanco o nulo, cifras sumamente relevantes considerando que en el país del norte el sufragio es de carácter obligatorio.
El balotaje del próximo domingo 7 de junio revivirá los fantasmas de la extrema polarización que ha caracterizado a la política peruana en la última década.
El choque de modelos pone frente a frente a dos figuras con trayectorias disímiles:
Keiko Fujimori (51 años): La administradora de empresas e hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori compite por cuarta vez en una segunda vuelta presidencial. Llegó a esta instancia tras adjudicarse el primer lugar en la ronda inicial con un discreto 17% de los votos.
Roberto Sánchez (57 años): El actual congresista y exministro de Comercio Exterior y Turismo vive su primera postulación a la jefatura de Estado. Logró su pasaje al balotaje tras alcanzar el segundo lugar con el 12% de los sufragios, según los datos del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).
El ambiente político actual evoca inmediatamente la reñida campaña de 2021, oportunidad en la que Fujimori perdió por un puñado de votos ante Pedro Castillo, cuyo gobierno terminó abruptamente tras un fallido intento de disolver el Congreso que derivó en su destitución y encarcelamiento.
Quien resulte electo asumirá el control de una nación profundamente golpeada en dos frentes críticos:
Inestabilidad institucional: Perú ha visto pasar a ocho presidentes desde 2016, una crisis crónica marcada por destituciones del Congreso, renuncias anticipadas y persistentes acusaciones de corrupción o rebelión.
Crisis de seguridad: El nuevo gobierno deberá enfrentar de inmediato un clamor ciudadano transversal: frenar el explosivo auge del crimen organizado y la delincuencia transnacional que azota a las principales ciudades del país.