En una jornada final cargada de dramatismo, este domingo se bajó el telón de una nueva versión del Campeonato Regional de Clubes 2026. Con el despliegue físico y el corazón como banderas, Yungay se alzó con la copa tras vencer agónicamente a Presidente Ibáñez por tres goles a dos, desatando la fiesta en el Barrio Sur y consolidándose como el mejor equipo de la temporada.
El partido de fondo de la jornada dominical enfrentaba a dos realidades opuestas: Yungay dependía de sí mismo para gritar campeón, mientras que Presidente Ibáñez, golpeado por dos derrotas previas, saltaba a la cancha a jugar por el honor. Aunque el trámite no destacó por un fútbol vistoso o abundancia de ocasiones de gol, la intensidad y la emoción en los minutos finales pagaron con creces el espectáculo.
El marcador se abrió a los 31 minutos gracias a la aparición de Renfor Mellado, quien puso en ventaja a Yungay. Sin embargo, la alegría duró poco, ya que a los 37 minutos Juan Gallardo instaló la paridad para Ibáñez.
Antes de irse al descanso, la gran figura del torneo, Manuel Cárcamo, frotó la lámpara y desde el punto penal decretó el 2-1 a los 43 minutos, devolviéndole provisionalmente el título a su escuadra.
La tensión máxima llegó en el epílogo del segundo tiempo. A los 87 minutos, Freddy Caibul anotó el 2-2 para Presidente Ibáñez, un balde de agua fría que, de mantenerse, obligaba a Yungay a jugar un partido extra de definición contra el Club Deportivo Sokol. Pero cuando se jugaba el cuarto minuto de adición (94'), Yungay armó un contragolpe letal que fue finiquitado por Matías Añasco, clavando el definitivo 3-2 y desatando el festejo de los flamantes campeones.
En el partido preliminar de la jornada de clausura, los elencos de Sokol (Punta Arenas) y Bories (Puerto Natales) sellaron un empate 2-2. Con este resultado, ambas escuadras hipotecaron sus opciones reales a la corona y quedaron a expensas de lo que hiciera Yungay en el duelo de fondo. El empate de los sokolinos los dejó con el "falso milagro" de la definición a tiro, una ilusión que el agónico gol de Añasco sepultó definitivamente.