100 años de la OIT

Hace poco tiempo el 21 de junio se cumplieron 100 años de Organización Internacional del trabajo -OIT (ILO,  International Labour Organization)-, una organización de las Naciones Unidas, que reúne a representantes de gobiernos, trabajadores y empleadores. Constituida  en 1919 en virtud de lo dispuesto en la Parte XIII del Tratado de Paz de Versalles, con el que se puso fin a la Primera Guerra Mundial, constituye los cimientos de la justicia social en el mundo, quizás un anhelo todavía en muchos países incluido el nuestro. La OIT  se crea en una época de agitación y de rápidas transformaciones sociales y tecnológicas. En un contexto internacional marcado por las actividades de reconstrucción y recuperación tras los estragos y violencia provocados por la guerra, se funda con la fuerte convicción  de que la “justicia social es esencial para lograr una paz universal y duradera”. La OIT, está basada en una concepción “tripartita”,  de claves o llaves para abrir las puertas del entendimiento o acuerdos que contribuyan a una mejor concepción del trabajo, estas llaves son la participación de los gobiernos, los trabajadores y los empleadores. En opinión su actual Director General, Guy Rider: “Cuando estas tres llaves giran a la vez, cuando gobiernos, empleadores y trabajadores trabajan juntos, las puertas se abren y la justicia social avanza”. Esta organización de las Naciones Unidas nace después de un clamor contrario a la injusticia e inequidades que resonaban en el mundo. “El malestar es tan grande que la paz y la armonía mundiales se ven amenazadas”; con esta afirmación, comienza el Preámbulo de la Constitución de la OIT, claramente atribuye a esta Organización un papel esencial en el mantenimiento de la paz. Al principio el propósito de la creación de la OIT, de reunir a gobiernos, trabajadores y empleadores en torno  a una visión común era un sueño inalcanzable. En los  tratados internacionales impulsados por esta organización se fijan y determinan las  medidas que deben obligatoriamente adoptar los países que los ratifican, así como los principios que deben observar. Dichos tratados constituyen el principal medio de acción e influencia de la OIT con respecto al mundo del trabajo y contribuyen a establecer las condiciones necesarias para que los países, las empresas y los trabajadores compitan en pie de igualdad. La idea de “trabajo decente”, dice relación con el respeto a la persona, así como a su bienestar y desarrollo como ser humano. Las normas internacionales del trabajo velan por que se garantice un camino hacia el trabajo decente. Actualmente pese todos los esfuerzos de la OIT, aun se experimentan grandes nudos de discriminación en el trabajo que afectan gravemente a las personas. “La discriminación no solo constituye un agravio moral; también vulnera los derechos humanos y tiene consecuencias económicas adversas”. La discriminación y la violencia en el trabajo tienen desgraciadamente una manifestación permanente tanto en el ámbito público como privado, pero quizás es más grave en el ámbito de las organizaciones públicas en las cuales el estado, como empleador debería dar el ejemplo. El “acoso laboral”, definido como un comportamiento que puede producir “daño físico, psicológico, sexual o económico”. El 21 de junio de este año con motivo del centenario de la OIT, se firmó el Convenio (C – 190), y Recomendación para “combatir la violencia y el acoso en el lugar de trabajo”. (108ª edición de la Conferencia Internacional del Trabajo, en Ginebra, Suiza). El texto del Convenio fue aprobado por una sobresaliente mayoría y es jurídicamente vinculante. El Convenio señala que la violencia y el acoso también se consideran “una amenaza para la igualdad de oportunidades”, que es “inaceptable e incompatible con el trabajo decente”. Según registros de la Dirección del Trabajo, en la última década decenas de miles de denuncias sobre acoso laboral se han recibido en dicho organismo. En opinión de José Rioseco, de chilepsicologos.cl, el acoso laboral o mobbing es conocido como un tipo de agresión que se desarrolla dentro del ambiente de trabajo y puede ser promovido por uno o más empleados, indistintamente de su nivel jerárquico. Según se señala, el abuso al interior del trabajo difícilmente utiliza la violencia física, no obstante la violencia verbal y emocional puede ser mucho más perjudiciales, al lograr neutralizar y controlar a la víctima en todos sus aspectos, vulnerando su estado de equilibrio y convirtiéndola en un blanco fácil para ser hostigada. En informes de años recientes Chile es considerado el segundo país con más prácticas de este tipo en Latinoamérica, superado solo por Costa Rica. (Estudios de la Universidad de Guadalajara sobre el “mobbing”). ¿Qué haremos?

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS