El jueves 3 de septiembre se cumplirá un nuevo aniversario de la llegada de la “Yelcho” a Punta Arenas, luego del rescate de la tripulación del Endurance, varados en enero de 1915 en la Antártida. Cuando parecía que las esperanzas de recuperar los veintidós supervivientes se esfumaban, y después de tres intentos fallidos, emergió la figura del marino chileno Luis Alberto Pardo Villalón, con una tripulación de voluntarios que ejecutaron con éxito la titánica tarea con repercusión mundial.
La gesta del Piloto Pardo y su gente, se produjo en momentos en que se vivía la época de las grandes expediciones antárticas polares, llevadas a cabo por célebres navegantes, que en un plano de aventura o por medio de importantes misiones científicas, buscaban desentrañar los secretos del continente helado, la antigua Terra Australis Ignota, en beneficio de toda la humanidad.
Los nombres de Adrien de Gerlache, Otto Nordenskjöld, Robert Falcon Scott, Jean Charcot, Feedrick Cook, Roald Amundsen, Ernest Shackleton y Luis Pardo Villalón, entre otros, se encuentran ligados desde distintas perspectivas, al período entre 1896-1916, en la conquista y conocimiento de la Antártica y que hoy, académicos nacionales, como Consuelo León, Mauricio Jara o Francisco Sánchez, entre otros, se encargan de plasmar en textos que reconstruyen nuestra historia. En este sentido, cuando el Estrecho de Magallanes era el paso bioceánico más importante del mundo y la mayoría de las naves surcaban sus aguas, Punta Arenas fue el punto de conexión y centro logístico natural de todas estas exploraciones que llegaron al continente blanco.
Shackleton llamó “Expedición Imperial Trans antártica” a su viaje iniciado en Inglaterra en agosto de 1914, en instantes que Europa comenzaba la Primera Guerra Mundial. Apenas dos años atrás, Amundsen había conquistado el Polo Sur y ahora, el famoso marino irlandés buscaba atravesar el continente blanco desde el mar de Weddell al mar de Ross. Sin embargo, en el verano de 1915 el “Endurance”, quedó aprisionado para siempre en el hielo.
En abril de 1916 los náufragos establecieron un campamento en isla Elefante, en las Shetland del sur y Shackleton junto a cinco tripulantes, en el bote “James Caird”, emprendieron una travesía de mil quinientos kilómetros en diecisiete días, llegando a las islas Georgias del sur, en una verdadera odisea de supervivencia humana. En Punta Arenas, en el Museo Nao Victoria, entre otras embarcaciones construidas a escala, se encuentra el “James Caird”, pudiendo dimensionar lo que significa navegar esa distancia por el Mar de Drake en invierno. Luego de tres intentos, el Gobierno de Chile facilitó la escampavía “Yelcho”, con casco de hierro sin doble fondo, sin radio ni calefacción, en donde Luis Pardo Villalón, junto a sus voluntarios, asumieron la responsabilidad de traer a Punta Arenas a los veintidós náufragos de Shackleton sanos y salvos.
El Piloto Pardo, emulando a Prat, escribió a su padre: “La tarea es grande, pero nada me da miedo, soy chileno. Dos consideraciones me hacen hacer frente a estos peligros: salvar a los exploradores y dar gloria a Chile. Estaré feliz si pudiese lograr lo que otros no. Si fallo y muero, usted tendrá que cuidar a mi Laura y a mis hijos, quienes quedarán sin sostén ninguno a no ser por el suyo. Si tengo éxito, habré cumplido con mi deber humanitario como marino y chileno. Cuando usted lea esta carta, o su hijo estará muerto o habrá llegado a Punta Arenas con los náufragos. No retornaré solo”. En la tarde del 30 de agosto, después de cinco días de navegación, la “Yelcho” logró recuperar a la tripulación del “Endurance” sin novedad, y ante el asombro mundial, consiguió el desembarcó en Punta Arenas el 3 de septiembre de 1916. La gesta de Pardo es el triunfo de la valentía, la fraternidad, la hidalguía y la tenacidad heredada en la relación del pueblo chileno con el mar, descrita por varios de nuestros más grandes literatos. Sería maravilloso que la Costanera del Estrecho de nuestra ciudad, donde está su monumento, sumara el nombre de Luis Pardo Villalón.