16 minutos… Ley “exprés”… Los cara $#%&#… duras de siempre…

Es
de no creer el descaro, la inconsecuencia, el acomodo que no conoce
vergüenza alguna de esta miserable clase política que, olvidando sus
diferencias, votan para sí mismos, votan a favor de ellos, se arrojan
salvavidas y en una situación aberrante, siguen legislando para
mantenerse en el poder y seguir riéndose de todo el país… 16 minutos,
eso fue lo que se demoraron estos ¿honorables?, para salvarse entre
ellos. Realmente estoy más que enfurecido y no voy a escribir el
garabato para no abusar del espacio y buena voluntad de este diario,
pero siento una rabia incontenible ante estos descarados que, en vez de
legislar en favor de todos nosotros, siguen protegiéndose entre ellos.
Hay leyes que están años y años en el Congreso: nada han dicho para
bajar la expectativa de vida (somos inmortales, la Superintendencia
considera que podemos vivir hasta los 110 años, 110 años, pues, así de
simple) y ante esto nada dicen. La ley de participación de los
independientes en política, bien gracias (no les conviene, por
supuesto); la ley para mejorar el nefasto sistema de pensiones, bien
gracias, puros adornos; la ley de gratuidad en educación, bien gracias,
es imposible; la ley que garantice que el agua sea un bien nacional,
bien gracias también, (somos el único país en el mundo en que el estado
no es dueño del agua); la ley que asegure una renta universal, nada;
etc. etc. etc. ¡Ah, pero cuando se trata de legislar a favor de ellos!,
corren, vuelan, rompen la velocidad del sonido y cuanto límite se pueda
imaginar: 16 minutos, eso fue lo que se demoraron en despachar esta ley…
¿A quién favorece?, a todos, a los de aquí y a los de allá, no hay
enemigos acá, todos “amiguis”, todos cogidos de la mano, todos reunidos
en un único objetivo, superior, trascendente, importantísimo para el
país, de vital importancia para el desarrollo de la nación, salvarse
ellos mismos… Cuando la sinvergüenzura no tiene límites, suceden estas
cosas, cuando sistemáticamente nos dan la espalda en cuestiones que son
realmente importantes y esenciales para la dignidad de la gente, ahí no
pasa nada, las leyes duermen el sueño de los ingenuos, de los cándidos,
de los ilusos que esperamos que estos “representantes populares” cumplan
su mandato: protegernos, velar por la mayoría, por el bien nacional…
Cuando la sinvergüenzura no tiene límites, estos sátrapas se ríen en
nuestra cara, se burlan, menosprecian nuestra inteligencia y creen que
sus justificaciones son suficientes… Estamos en presencia de una
aberración democrática, el Congreso no es para salvarse las espaldas, no
es un “club” de amigos, si tuviéramos parlamentarios serios y de
calidad y que no obedezcan a sus partidos, esto no podría suceder, esto
sí que es una “vergüenza nacional” porque devela que ustedes no legislan
por el bien común, legislan para sus partidos, se devuelven la mano
(ayer por mí, mañana por ti), devela que ustedes se devuelven favores y
estamos ante un tráfico de influencias descarado, porque no es otra cosa
que eso: tráfico, contrabando de intereses, una mafia… Claro, esta vez
no habrá acusación alguna, no hay culpables, nadie se hace responsable
y, como el animal que tira tierra a su mierda, ustedes hicieron lo
mismo… El Presidente Piñera vetó proyecto de ley que mejoraba las
condiciones laborales del magisterio (nada de dinero por si acaso) ¿y?,
¿qué dijeron los honorables?, ¿qué dijeron los candidatos
presidenciables que fueron protagonistas de un asco de debate
(vergonzoso)?… ¿Adivine?, nada, absolutamente nada… Pregunta para la
casa: ¿cómo votaron nuestros senadores? (próxima columna les digo).
¿Entiende ahora por qué no hay que confiar en los bloques partidistas?
16 minutos, pues, 16 minutos para salvarse el… pellejo. Un descaro,
simplemente una sinvergüenzura. Para todos, como siempre, un abrazo.

P.D.: menos para los que justifican estas aberraciones y el descaro de los partidos políticos.

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