1978: una guerra que no fue

Recorrer parte de esta apasionante historia es volver a recordar parte de los valores trascendentes que forjaron nuestra historia republicana, esos instantes en que hombres y mujeres sencillos tomaron la decisión fundamental de luchar por nuestra libertad y progreso, siendo conscientes de que su propia vida estaba en riesgo.

Recorrerlos es solo una pincelada dentro de un proceso mucho más complejo, en donde las voces del ayer se encuentran con el presente y generan un vínculo con las nuevas generaciones demostrándonos que “no hay que protestar contra el destino… Hay que vencerlo”.

De una u otra forma hay que realizar un pequeño homenaje para todos aquellos que en los “vientos de guerra de 1978” colaboraron con la defensa de los intereses superiores de la Patria, tanto en nuestro árido desierto como en los hielos australes, porque de hombre como ustedes hace muchos años conocimos una gran historia, de aquellos que se sudaron todo un desierto, que al comenzar eran obreros, campesinos, profesores, ingenieros y que al transitar por estas duras pruebas eran héroes.

Tras casi 40 años de la Crisis del Beagle, situación que nos tuvo al borde de la guerra con Argentina, existieron personas claves que permitieron que Chile mantuviese sus intereses nacionales y que la paz no fuese quebrantada. Para muchos Ernesto Videla Cifuentes era “el hombre de la causa”, viviendo los difíciles momentos de la negociación en la “trinchera de la diplomacia”, mientras miles de chilenos estaban en las posiciones de defensa desde el extremo norte a la zona austral.

Ernesto Videla Cifuentes, quien desde un sitial privilegiado cumplió el alto deber de resguardar los intereses nacionales y mantener la paz entre Chile y Argentina, planteando una estrategia diplomática, negociaciones en donde la agudeza y compromiso con la Patria y sus altos destinos, a pesar de todas las dificultades, permitió que los diferentes oficios realizados pudiesen superar las innumerables dificultades.

Fundamental es comprender el debate establecido para la aprobación del Tratado por la Cámara de Diputados y Senado Argentino, que finalmente la aprobó en 1985. Lo anterior, sin olvidar las diferentes problemáticas en la IV Comisión Legislativa y la Junta de Gobierno de Chile, en donde la aprobación de los miembros fue duramente discutida a mediados del mismo año.

Debemos reconocer a personas que unidos fueron capaces de soportar duras condiciones, las cuales con convicción cumplieron el deber de todo patriota, superando el miedo y la adversidad, fueron ustedes participes del despliegue más grande de nuestras Fuerzas Armadas en toda su historia, los que a lomo de caballo, en una trinchera, un barco o cruzando los cielos fueron claves para disuadir a un adversario aparentemente superior en lo material, pero que sin lugar a dudas sopeso el costo de una agresión ante un pueblo tranquilo en la paz pero fuerte en la adversidad, que no permitiría que nuestra Patria perdiera su dignidad. 

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