En
la columna anterior, vimos que José Piñera no fue el padre de las AFP,
sino que más bien un gran propulsor de éstas. Es con ello, que se
convierte en una especie de promotor y asesor en muchos lugares del
mundo donde se han intentado instalar sistemas de capitalización
individual.
Si
bien antes existieron muchos asesores e incluso la idea de un sistema
de capitalización individual en el documento “El Ladrillo” de los
Chicago Boys, finalmente las condiciones no existieron hasta que el
ministro del Trabajo fue José Piñera. Ahora bien, ¿cómo era Chile en
1980 al momento de instalarse este sistema de capitalización individual?
Chile
era bastante distinto al actual, tanto en situación demográfica como
económica. Estas características son la que justifican el modelo elegido
en aquel entonces. Dentro de estas características figuran dos aspectos
que podemos considerar como relevantes. El primero, se relaciona con la
expectativa de vida, mientras que el segundo con el acceso a la
educación superior.
En
aquel entonces, la expectativa de vida era de 67 y 74 años, para
hombres y mujeres respectivamente. Es con esto que, si un hombre se
inicia en su vida laboral a los 18 años, tiene más de 45 años para
costear sólo dos años de jubilación, considerando que esta jubilación ya
estaba pactada desde los 65 años. En el Chile actual, y de acuerdo al
informe “Salud en las Américas” del año 2017, la esperanza de vida al
momento de nacer en nuestro país llega a los 77 años para el caso de los
hombres, provocando un evidente problema en la situación de previsión,
ya que, si antes este hombre debía cubrir sólo 2 años de jubilación, en
la actualidad debe cubrir más de 10 años, lo que ha hecho que el sistema
se vuelva insostenible. El caso de las mujeres es algo más complejo, ya
que, si en 1980 debían cubrir 14 años de jubilación, en la actualidad
las cifras alcanzan los 22 años. A esto se suma un Chile
estructuralmente diferente, ya que en 1980 predominaban los hogares
configurados en torno al matrimonio, mientras que en la actualidad los
hogares monoparentales se han incrementado en los últimos 30 años,
pasando de un 13% a un 21%, muchos de ellos con un liderazgo femenino.
El
segundo aspecto relevante en aquel entonces era el acceso a la
educación superior. En el año 1980 existían solamente cerca de 100 mil
estudiantes matriculados en las distintas casas universitarias. Esto
llevaba a que la mayoría de los jóvenes ingresaban al mercado laboral
luego de salir del colegio, contribuyendo prontamente a sus cuentas de
jubilación. En la actualidad las cifras son muy distintas. A principio
del año 2000 los estudiantes matriculados en la educación superior
llegan a más de un millón de personas, llevando a que la participación
en el mercado laboral sea muy baja por parte de los jóvenes.
Si en 1980 la participación de jóvenes en el mercado laboral llegaba al
40%, en la actualidad la cifra apenas alcanza el 28%. A este escenario
se suma el empleo independiente, aspecto que se ha visto incrementado
por el surgimiento de las plataformas digitales y que lleva a que muchos
jóvenes no posean ni siquiera una cotización en sus cuentas de
capitalización individual.
Chile
ha cambiado mucho en estos últimos 40 años, y con ello no hablamos
solamente de variables económicas, sino que también de variables
demográficas que han traído otras importantes complicaciones. Si bien la
AFP no ha dado solución a las temáticas previsionales, es probable que
tampoco lo haga un sistema de reparto, en especial, por la carga fiscal
que traerá consigo para el Estado. Se deben repensar las cosas más allá
del populismo.