El 19 de mayo será otro
de los días que pasarán a la galería de los recuerdos que sería mejor no
recordar… y espero que no quede escrito en ningún texto oficial de la
historia de nuestro país. El 19 de mayo parecía ser un año entero, pero
era solo un día, donde pudimos ser espectadores de un desorden más
grande que “cumpleaños de monos”. Unos se bajaban, otras guardaban
silencio, más tarde unos reclamaban que los otros los habían vetado, y
que eran las víctimas, y los otros reclamaban que ellos y ellas eran las
víctimas. Tenemos primarias… no tenemos primarias, estamos más unidos
que nunca… no habrá unión nunca. Somos la solución a los problemas de
Chile… no dan garantías de gobernabilidad, fueron algunas de las frases
que buscaban demostrarle al país el nivel de liderazgo de quienes tienen
el ego más grande que la vía láctea. Pero no nos engañemos, esta no es
la primera vez que los acuerdos no llegan. Las elecciones presidenciales
y parlamentarias del 2017, las listas para los y las constituyentes,
para Alcaldes (esas) y Gobernadores Regionales del 2021. En todas estas
elecciones las primarias fueron imposibles. El resultado en la mayoría
fue un desastre, excepto en la elección de los convencionales
constituyentes donde los independientes y la lista del pueblo dominaron
los números, logrando que ninguno de los bloques políticos (izquierda y
derecha) pudiesen imponer ese tercio que lograría mantener el status
quo.
En la
derecha lograron ponerse de acuerdo para una primaria incluyendo en ella
a los príncipes de siempre, dejando claro el grado de machismo
imperante en ese bloque. Lavín (delfín de Pinochet y Piñera), Desbordes
(el zurdo de derecha), Sichel (el tapado) y Briones, serán los
precandidatos que intentarán darle continuidad a este incompetente
Gobierno. En un año y medio de pandemia han sido incapaces de reconocer
las necesidades de la comunidad, fueron incapaces de ponerse de acuerdo
para fijar precios máximos de productos de la canasta básica,
mantuvieron la focalización de las ayudas sociales por sobre la
universalidad, obligaron a los trabajadores y las trabajadoras de este
país a soportar la crisis económica con nuestros ahorros para la vejez,
le dieron el poder negociador a los empresarios, inventando la
suspensión del contrato, y más encina la nombran como la Ley de
protección del empleo, propusieron incluso ocupar nuestros ahorros del
seguro de cesantía, lograron que los más poderosos del país aumentaran
sus fortunas en más de un 70%, destruyeron los presupuestos de los
municipios, afectando más que proporcionalmente a los más chicos.
Y
en medio de estos dos escenarios del terror, una comunidad pasando por
la peor crisis social y económica, con industrias como el turismo, la
gastronomía y servicios asociados en el piso; con familias de la clase
trabajadora viviendo en campamentos; micro y pequeños empresarios
quebrados; niños, niñas y adolescentes sin acceso a internet que no
pudieron hacer clases online, adultos mayores viviendo sus últimos años
encerrados y familias destruidas.
Si pensábamos que había pasado lo malo, recuerde que estos personajes pueden hacerlo aún peor, porque esa es su única capacidad.