Acaba de irse el 2020, un año para el olvido que, no obstante, la humanidad no olvidará. La pandemia representa la mayor crisis sanitaria, económica y social de los últimos 100 años. Solo la Segunda Guerra Mundial rivaliza con nuestra actual desventura, aunque sopesado en pérdidas en vidas humanas, la II Guerra o de las dictaduras comunistas de Stalin, Mao Tse-Tung o Pol Pot dejan al Covid-19 como un bebé de pecho.
Nuestro país vivió un año bizarro, donde primó el sin sentido. Por un lado, los políticos populistas y meridianamente ignorantes se peleaban el megáfono para exigir confinamientos totales; pero cuando la ciudadanía golpeada por el encierro no daba más, los mismos políticos populistas e ignorantes (no sueñe que aprenden) se amontonaron revoloteando como polillas frente a la luz de las cámaras para culpar al Gobierno de la tragedia y exigir el popular desconfinamiento, pero sin un real plan que permita transitar hacia el fino equilibrio entre la seguridad sanitaria y la libertad para la actividad económica y social.
Por otro lado, los buenos muchachos de Gabriel Boric o Claudia Barrientos se alegraron por la libertad de Marcelo Mandujano. Total, quemar casas y edificios, asolar al comercio de Punta Arenas y destruir el sustento de cientos de magallánicos es y será daño colateral asumible por los acomodados burgueses que justifican el caos, porque a ellos no les afectan las consecuencias. Típico de quienes admiran el comunismo desde democracias liberales, en donde gozan de libertades que los países comunistas no toleran. Hermosa contradicción.
También tuvimos plebiscito y primarias de la ex Concertación. Lo más curioso de dichos eventos democráticos es que nunca debatieron Juan Francisco Miranda y Jorge Flies… parece que no era importante que la ciudadanía conociera las propuestas. Entonces, ¿para qué organizar una primaria con recursos de todos los chilenos, si nos podían ahorrar el trámite transparentando la real designación entre cuatro paredes? Pero es más bonito aparentar la participación ciudadana. Y no piensen que no soy objetivo, porque algunos personajes de la vereda del frente no escatimaron lobby para eliminar las inhabilidades en el Congreso, y así acomodar la agenda electoral a sus mezquinos intereses. En definitiva, los acuerdos entre cúpulas han dominado la mala política, en Magallanes y en todo el mundo… pero no da para más.
Estamos ante un cambio de era que exige una nueva relación entre la política y la sociedad civil. Las transacciones de poder entre los mismos de siempre despiertan sospechas y mucha incertidumbre en la gente. Debemos comprender que la sociedad le ha dicho basta a la vieja política, aunque en Magallanes los mismos de siempre no sean capaces de entenderlo.
Este nuevo año debe ser el punto de inflexión. Todos esperamos que la pandemia sea controlada en los próximos meses gracias al proceso de vacunación. Por otro lado, si bien el PIB de Chile caerá más del 5% este año, se estima una recuperación de similar magnitud el 2021. En consecuencia, el gran desafío estará en volver a los niveles de empleo pre revuelta.
La nueva política exige terminar con la democracia delegativa y comprometerse con el cambio. Y todo lo que uno diga o haga no servirá de nada, si usted no cambia, no participa y ejerce con convicción su voz y voto colocando a Magallanes Primero.