Si bien, la guerra es un
hecho que las naciones buscan evitar, es un derecho de cada país, tomar
el camino de ir a la guerra, y justamente pensar en la guerra, es lo
que mantiene la paz en nuestros días. La guerra saca lo mejor y a la vez
lo peor de cada ser humano.
Los
hechos del Combate Naval de Iquique, y de Punta Gruesa, son ampliamente
conocidos, en un mismo día, se desarrollaron dos hechos bélicos con
historias y desenlaces diferentes, pero no hay duda, que el abordaje de
Prat y de Aldea, fue lo que queda en nuestra memoria colectiva.
La
Esmeralda, había sido relegada a un papel secundario en el teatro de
operaciones, su misión era quedarse en la rada de Iquique, bloqueando de
esta manera su puerto, esto en conjunto con la Covadonga; una Esmeralda
frágil, vieja y llena problemas, fue la que alcanzo la gloria, la misma
gloria que nos deja enseñanzas, directas e indirectas hasta nuestros
días.
En la
dotación de la Esmeralda encontramos al contramaestre Milcavi, griego;
Antonio Horwath, alemán; Juan Lasen, belga y un tripulante peruano y
otro boliviano. El ingeniero Hyatt estaba a cargo de la máquina de la
Esmeralda, y representa a la masa de migrantes, que han estado presentes
desde el inicio de nuestra patria, y que no han dudado en poner su vida
al servicio del país que los acoge, extranjeros que suman al país, y
que incluso ponen su vida a disposición de los objetivos de la guerra,
había puestos que no se podrían cubrir con personal calificado nacional y
los extranjeros estuvieron disponibles a combatir bajo nuestro pabellón
nacional.
Arturo
Prat Chacón, el héroe que de niño conocemos, fue profesor, abogado,
padre y esposo, sabía que la Armada era el lugar para alcanzar sus
sueños, estudioso de las ciencias terrenales y de las sobrenaturales,
fue un intachable empleado público. Pocos meses antes de morir en la
cubierta del “Huáscar”, el capitán Arturo Prat fue enviado a Argentina
en una misión de espionaje, en 1878. El gobierno le entregó dinero para
costear su cometido. A su retorno rindió cuentas y devolvió lo que no
gastó. Qué gran ejemplo nos deja en estos tiempos, en donde el dinero
del Estado no se cuida como quisiéramos.
Pero,
cuántas veces en nuestra vida, y en nuestra profesión, hemos estado en
un lugar parecido a la Esmeralda, un lugar lleno de problemas y
complicaciones materiales, pero que a pesar de todo, tiene un capital
humano que puede entregar más y más. El Combate de Iquique, pudo haber
durado 30 minutos, pudo haber sido una rendición, se pudo dar la orden
de hundir la nave, pero fueron largas casi 4 horas de combate, horas que
solo su personal embarcado pudo lograr, esta demostró su coraje y
gallardía, esto nos enseña siempre que en nuestra vida familiar, laboral
e incluso sentimental, podemos hacer un esfuerzo adicional con el
corazón.
Son
los equipos de humanos, los que tienen la mística, los que sacan
adelante cada objetivo ante cada obstáculo, son las personas las que
forman las instituciones y las empresas, esto ha sido desde el inicio de
nuestra patria, hasta el día de hoy.