46 años de historia y de nuevo “sacamos la costra a la herida”

Creo que más allá de la convicción que nos hemos formado cada cual desde su propio y legítimo punto de vista, el 11 de septiembre es una fecha que sigue ocasionando momentos de desencuentro y odio entre los chilenos, por lo que significa, se exacerban los espíritus, el antagonismo político aparece con mayor fuerza y en lo personal se me generan menores expectativas de reconciliación y entendimiento, lo que pareciera que hasta hace pocos años todo lo que habíamos avanzado lentamente se fuera desplomando y desde y desde mi particular visión este año 2019 ha sido un tanto más confrontacional que otros años anteriores, lo que produce que este 11 de septiembre sea particularmente más desagradable, las lamentables expresiones del Primer Mandatario brasilero Jair Bolsonaro, que fueron inmensamente agraviantes para la ex Presidenta Bachelet, con una tibia respuesta del Gobierno Chileno, las descalificaciones a todo un partido político por parte de la vocera de Gobierno, los documentados antecedentes en los programas de televisión respecto del 11 de septiembre de 1973, las dificultades legislativas en el Congreso, la agresividad incluso regional de ciertos actores de Gobierno desprestigiando y descalificando las decisiones soberanas de los órganos colegiados, “El Cuecazo de Coyhaique”, no parecen ser acontecimientos que vayan en la dirección de superar lo que significó el golpe Militar del año 1973.

He destacado anteriormente las acciones desde el oficialismo que desde mi punto de vista no aportan a la reconciliación, ni a la superación de aquella gris época de nuestras vidas, pero cuidado, la oposición tampoco ha hecho méritos que nos lleven a superar ese clima de reproches, descalificaciones y desencuentros que profundizan sus diferencias. Este 46°aniversario de tan trágica situación sorprende a la oposición en el momento de mayor división y desencuentro de la historia, la suma de todos los factores nos muestra un momento especialmente aciago en la vida del país, por cierto creo que todos los chilenos que reflexionamos respecto al bien común y nos interesa la vida cívica, tenemos la obligación de preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo para no repetir las lamentables experiencias del pasado? En lo que corresponde a lo estrictamente personal pienso que no se ha aprendido nada y que por el contrario, hoy estamos inmersos como sociedad en una búsqueda egoísta y personal de los intereses grupales o propios, no se perciben actores que antepongan el bien común ni el interés de la ciudadanía, más bien se aprecia una estampida intentando solo los acomodos y las conveniencias personales.

Por ello es que la ciudadanía se encuentra tan alejada y desconfiada de la política en general y por su puesto de los actores y también de las instituciones, porque no es solo la política la que esta extraviada, también las instituciones lo que evidencia que la situación es peor que antes, porque ni las instituciones que gozaban de un reconocimiento y confianza de la ciudadanía en los años 70, hoy se encuentran fuertemente cuestionadas, lo que nos expone a cualquier fenómeno populista que ya han mostrado su peor caras en otros países de la región, por ello hay que ser honestos y francos para reconocer que lamentablemente después de 46 años, el clima de convivencia y encuentro en el país no es el que quisiéramos y en ello todos tenemos la responsabilidad que nos cabe, el mirar para el lado y hacerse el desentendido seguirá pavimentando el camino a momentos muy difíciles para nuestro país que por cierto no se merecen los chilenos. 

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