8 ideas para una nueva Constitución: Parte I – Pueblos originarios

La Nueva Constitución
carga con un desafío que va mucho más allá de la construcción de una
nueva Carta Magna, la cual fijará el modelo político y de derechos que
dará contexto y reglamentación al funcionamiento de Chile para los
próximos 50 años. La Nueva Constitución es la construcción de un Pacto
Social distinto, el cual va desde la organización del Estado, pasa por
la distribución del poder, pero también fija las nuevas relaciones entre
la ciudadanía, y también de la ciudadanía con la institucionalidad.

Este
Pacto Social debe tener una mirada de futuro, pero haciéndose cargo de
las deudas históricas con las que carga nuestro país, y ahí surge un
tema trascendental: Reconocimiento constitucional a nuestros Pueblos
Originarios y la declaración de Chile como un Estado Plurinacional.

¿Porqué?
Toda nación encuentra en su historia una serie de aprendizajes, algunas
de sus acciones son para repetir, otras para no repetir, y otras
derechamente para enmendar. Chile es mucho más que los 210 años de
historia republicana que datan desde la conformación de la primera Junta
Nacional de Gobierno. Mientras Chile era un Estado
en ciernes, había en su preámbulo un cúmulo de pueblos, culturas,
tradiciones, (primeras naciones ¿por qué no?) que habitaban nuestro
actual territorio nacional, que sufrieron la violencia de la
colonización y que defendieron con todo lo que tenían, aquello que
creían les pertenecía.

El
Estado-Nación, mirado en perspectiva, ha sido enormemente injusto en su
tratamiento a los Pueblos Originarios, han sido discriminados, muchas
veces obviados, y en la búsqueda de soluciones muchas veces se ha
tendido más bien a buscarlas desde una visión occidentalizada, que con
la mirada ancestral y de respeto que han debido ser tomadas.

Políticas
en educación, en vivienda, en temas de tierras, han sido muchas veces
mal enfocadas por la poca capacidad de diálogo que ha existido entre el
Estado y los Pueblos Originarios. Miopía, soberbia y carencia de visión
han caracterizado mucho la relación entre ambas partes, fundamentalmente
por la falta de comprensión hacia tradiciones que guardan consigo un
profundo sentido de pertenencia con prácticas que datan de muchos siglos
atrás.

Es
claro, que se debe reconocer que en las últimas décadas han existido
acercamientos y acciones de parte del Estado que han tendido a enmendar
estas injusticias históricas, pero aún falta más. Y ahí, es donde el
proceso constituyente tiene un rol fundamental.

Este hito histórico que vivimos, tendrá representación
garantizada de los Pueblos Originarios, pero hasta ahí no basta. Se
debe promover un amplio acuerdo nacional que haga que los distintos
pueblos sean reconocidos constitucionalmente, y sobre todo, declarar a
Chile como un Estado Plurinacional, eso sería sin duda, un buen punto de
partida para que Chile se empiece a reconciliar con su propia historia.

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