Este
8 de marzo se conmemora un Día Internacional de la Mujeres, una fecha
que debe ser considerada como una nueva oportunidad para la reflexión,
sobre el presente y el futuro, y al mismo tiempo, como un llamado a la
acción.
Reflexión
con un profundo sentido social que nos permita avanzar en igualdad de
derechos entre mujeres y hombres, en igualdad de oportunidades, en la
obtención de justicia y en el cuestionamiento estricto y la condena a
cualquier tipo de violencia u acoso.
El
diagnóstico y la realidad en la región, en el resto del país y el mundo
es dura y brutal. Al momento de escribir esta columna de opinión, en
Chile se registran 6 femicidios consumados y 35 femicidios frustrados.
No hace falta decir mucho más que comprender que, a pesar de observar
esfuerzos institucionales, todavía falta mucho para dejar de tener que
hablar de familias a las que les han arrebatado a sus madres, hijas o
hermanas, solo por ser mujeres.
Pero,
cómo se hace para avanzar y no retroceder en esta materia? Cómo se hace
para que las mujeres sean libres, puedan sentirse seguras y puedan
desarrollar sus capacidades, deseos y motivaciones sin miedo?
Creo
firmemente que, desde los ámbitos educativos es posible tener un rol
mucho más activo y participativo en la formación de niñas, niños y
adolescentes conscientes de la necesidad de avanzar en una sociedad más
justa y libre de violencia hacia las mujeres.
Una
formación con perspectiva de género desde la institucionalidad, que sea
transversal en el sistema educativo puede constituirse en una piedra
angular para asegurar ciudadanas y ciudadanos capaces de revertir el
escenario de la discriminación al que se ven enfrentadas muchas mujeres.
Menor
participación laboral y menores ingresos en comparación a los salarios
que reciben los hombres por igual tarea o trabajo, casi un 20% menos,
resultan inaceptables.
Peor
todavía, estudios señalan que casi el 50% de las mujeres ganan el
sueldo mínimo y la mayoría que son el sostén económico del hogar se
encuentran en los tramos de ingresos más bajos. Definitivamente la
cancha no es pareja para las mujeres; se trata de un mundo cuesta arriba
y lleno de obstáculos para ellas.
Por
supuesto que las escuelas y las instituciones educativas no son islas
en las comunidades. La necesidad de trabajar de manera coordinada y
conjunta con otras entidades, resulta fundamental para obtener
resultados favorables.4
Esta
tarea trae consigo otra acción que es la de escuchar. La tarea de las y
los educadores es también la de prestar atención a lo que dicen sus
estudiantes, de la misma forma en que la sociedad debe escuchar a las
mujeres.
Consecuente
con lo expresado y en la lógica de un mutuo y armónico entendimiento,
debemos señalar que estos nuevos paradigmas no pueden soslayar
principios que otorgan sentido valórico y sustentación . El
entendimiento, comprensión, solidaridad y por sobre toda cosa, el amor,
han de ser elementos que han de sensibilizar y ayudaran a una mejor y
mayor comprensión de lo que se pretende. El diálogo y la comunicación
fluida y respetuosa, serán garantes para el logro de los objetivos.
Es
esencial asumir la responsabilidad de una promoción d ella igualdad de
género en todos los ámbitos de la vida para alcanzar un horizonte con
mejor calidad de vida y es en la educación y los sistemas educativos
donde podemos encontrar las herramientas necesarias abordar todo lo que
todavía tenemos pendiente, como una mayor representación y participación
en la toma de decisiones, la discriminación económica, el acceso a la
formación, el trabajo, y claramente el fin a todas las violencias.