Muchos
habitantes de Magallanes tienen familiares y muchos amigos más allá del
alambre. En Río Gallegos, en Río Turbio, en Río Grande o en Ushuahia,
son muchos nuestros vecinos con quienes compartimos, pero que en el
último año y siete meses -por la pandemia del Coronavirus- ni siquiera
nos hemos podido ver las caras. Estamos a punto de cumplir 43 años del
conflicto del Beagle y ad portas de los 37 años del Tratado de Paz y
Amistad con Argentina. Y la Región de Magallanes y Antártica Chilena
tiene mucho que decir al respecto. Un merecido reconocimiento a la
mediación papal es el que se debe realizar.
El Tratado de 1984 delimitó
el denominado Mar de la Zona Austral, que se inicia en el canal Beagle;
fijó el régimen de navegación entre el Estrecho de Magallanes y puertos
argentinos en el canal Beagle y viceversa; estableció un sistema de
solución de controversias que no es posible de frustrar por las partes
signatarias y convino en la formación de una comisión binacional
permanente de cooperación económica e integración física para facilitar
el desarrollo de intereses compartidos.
Este gran acuerdo ha permitido
el tránsito de ambos pueblos por la senda de la paz y el entendimiento,
dejando atrás un episodio que los situó en el umbral de la beligerancia.
Además, ratificó que Chile y Argentina están tradicional y
profundamente comprometidos con la cooperación bilateral y con la
solución pacífica de sus discrepancias. Alcanzar los acuerdos que
actualmente obligan a las partes fue una enorme y complejísima tarea, en
momentos de gravísimo peligro y de consecuencias imprevisibles, para el
futuro de ambos países. Y por eso en este aniversario es justo valorar
la mediación de Juan Pablo II y de la diplomacia vaticana que, junto con
servir de instancia de pacificación, aportó propuestas que sirvieron de
base para los acuerdos suscritos.
La Patagonia chilena y argentina son
quienes más deben agradecer esto, ya que tenemos un sentido de
reciprocidad muy grande, el que se ve reflejado en nuestra diaria
convivencia, que lamentablemente solo una pandemia como el Coronavirus
vio paralizada.