¡A Favor!

En una semana más
tendremos nuestra décima jornada electoral post-estallido. A nivel de
papeletas, será la décima octava vez que marcaremos preferencia por
alguna opción de futuro.

Si
bien es extraño pensar que, en la última de dichas elecciones, mi
nombre estaba en la papeleta, más raro es haber sido el candidato más
votado de la Región y no haber sido elegido (fue el único caso en todo
Chile en que el ganador de su región no llegó al Consejo
Constitucional).

Es
difícil describir con palabras el orgullo y gratitud que tengo por ese
resultado. La confianza y energía de esa votación me animaron a seguir
involucrado en el proceso sin ser parte del Consejo. Columnas semanales,
charlas, procesos de participación ciudadana, mucha lectura, revisión
de exposiciones y debates me han acompañado durante los más de 7 meses
que han pasado desde esa elección.

Con
esos antecedentes, siendo esta mi última columna antes del plebiscito,
quisiera entregar una opinión honesta, independiente e informada para la
votación de la próxima semana, en que, junto a mi familia, votaremos A
Favor.

El fundamento del voto es muy sencillo: la propuesta, con sus altos y sus bajos, es una buena constitución para Chile.

En
primer lugar, cumple con los contenidos básicos de un texto de esta
clase: (i) organiza el Estado, con separación de poderes y funciones;
(ii) establece “pesos y contrapesos” entre los órganos del Estado; y
(iii) contempla un buen catálogo de derechos y garantías, expandiendo
razonablemente los que tenemos al día de hoy, con mecanismos adecuados
para protegerlos.

La
propuesta, además, recoge lo bueno que hemos construido en más de 200
años de historia, buscando corregir problemas del presente (e.g. temas
de seguridad, combate a la corrupción, inmigración irregular, terrorismo
y fragmentación del sistema político) y preparándonos para enfrentar
los desafíos del futuro (e.g. capítulo sobre protección del medio
ambiente, sustentabilidad y desarrollo, que, entre otras cosas, reconoce
la existencia del cambio climático y obliga al Estado a implementar
medidas de mitigación y adaptación).

Como no tengo
la capacidad de ver el futuro, no puedo asegurar qué pasará con el país
si gana el A Favor, de la misma forma que quienes votarán En Contra
tampoco pueden hacerlo. Frente a una disyuntiva relativamente simple
(elegir entre la propuesta y el texto actual), creo que estaremos mejor
implementando un cambio razonable (no radical ni refundacional, como lo
era la propuesta que, afortunadamente, rechazamos el año pasado) que
quedándonos con lo que tenemos (sería extraño que, tras más de 4 años de
debates sobre el tema, concluyamos que, en realidad, preferimos
quedarnos como estamos).

Aunque
sabemos que la constitución no es la varita mágica que resolverá todos
los problemas que tiene nuestro país, sí es un instrumento fundamental
en su diseño
institucional.

Son
muchas las personas que decidirán su voto en el transcurso de esta
semana. Quienes ya tomamos una decisión al respecto, tenemos el deber de
ayudar a que este domingo exista un voto informado, de manera tal que
el próximo domingo gane la democracia y no la apatía ni las campañas del
terror.

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