Todo
partió con el aguantado empate que la Universidad de Concepción le sacó a
Olimpia en Paraguay, confirmando el buen momento internacional que vive
el equipo de la Octava Región. Después fue el turno de Palestino, que
desafiando la lógica y demostrando que el fútbol no entiende de equipos
grandes y chicos, se plantó en la cancha de River Plate, el actual
campeón del torneo, y empató un partido que anunciaba derrota.
Finalmente, Universidad Católica jugó un correcto partido de local
contra los argentinos de Rosario Central, el cual tuvo los matices
propios de fútbol sudamericano. Los cruzados lo ganaban con tranquilidad
hasta que en el minuto 92 una desconcentración en defensa permitió el
empate visitante. Desazón profunda y rabia incomprensible se apoderaron
del estadio. Sin embargo, en esos momentos que se terminan olvidando en
la algarabía, José Pedro Fuenzalida, figura cruzada y capitán del equipo
fue a luchar una pelota totalmente perdida. Con el empuje de las
galerías trancó la pelota y se dirigió al área con posibilidad de
remate. El defensa contrario, al ver el ataque, le cometió un foul
dentro del área. ¿El resultado? Penal para Católica, el cual fue
convertido por Luciano Aued en el minuto 95. El pitazo del gol fue el
mismo que anunciaba el término del partido, y la UC sumó sus primeros
tres puntos en la Copa Libertadores.
Los
emocionantes sucesos de los partidos requieren una descripción, porque
definen de forma perfecta el fútbol sudamericano. Ese fútbol que se
pelea, que se gana con cosas que exceden los límites de la cancha, y que
no responde a ningún libreto establecido. Un fútbol que demuestra que
al final del día, son once contra once jugando por la misma ilusión, con
la misma sangre en las venas, y los mismos sueños. Es lo hermoso del
fútbol.
Pero
más allá de las mágicas obras que nos regala la Copa Libertadores, los
resultados de los tres equipos chilenos invitan a hacer un breve
análisis. Por años hemos criticado el desempeño de los nuestros en los
torneos internacionales, buscando culpables por doquier,
autoflagelándonos con la idea de que “el fútbol chileno es muy malo”.
Por eso creo que es justo y necesario valorar los primeros resultados de
los equipos nacionales en Copa Libertadores (y también destacar el gran
desempeño de Unión La Calera en Copa Sudamericana). Y destacarlos
porque son escasos, porque no es obvio ganar en Copa Libertadores. Cada
triunfo es un pequeño paso a mejorar el nivel. ¿Muy exagerado? Puede
ser, pero es momento de aprovechar los lindos triunfos. Ya basta de
buscar culpables cuando se pierde, y de minimizar las victorias. “Es que
el otro equipo era malísimo”, “es que se los regaló el árbitro”, “es
que tienen mucha suerte”. Toda esa mugre es lo que daña el fútbol
chileno. Ver hinchas rivales criticando resultados ajenos es doloroso,
más aún en un país donde carecemos de títulos internacionales. Sé que es
utópico, principalmente por la identificación de las hinchadas, pero
sería lindo ver a todo el país apoyando al equipo de turno que
representa a Chile. Creo que eso haría mejorar el ambiente, el nivel del
torneo, y sin duda nos permitiría disfrutar de los pequeños triunfos
que pintan de colores la aparente gris realidad del torneo nacional
chileno.
¡Aguanten los equipos chilenos, y que sigan conquistando América!