La
ética política se refiere al comportamiento de los servidores públicos y
su puesta en practica en los asuntos de gobierno. Se trata de una
disciplina de la filosofía política que se refiere a la conducta humana y
su relación con las nociones del bien y el mal, aplicado a las personas
que trabajan para los demás. La política, como función publica que es,
debe regirse por ciertos principios básicos de conducta, entre ellos; el
principio de la trasparencia, donde el servidor público tiene que
actuar explicando claramente los motivos por los que adopta su decisión y
sin que existan dobles intenciones, el principio de dignidad y de
respeto, quien decide dedicarse a la vida pública deberá proceder a
considerar a las personas implicadas en sus decisiones como fines en si y
no como meros medios, ya que la más grave inmoralidad en la que puede
incurrir un político consiste en usar a las personas como simples
instrumentos con los cuales desea obtener otros fines. En razón de lo
anterior, una persona que se involucra en la política, se inscribe en
un partido, y decide por mandato de este y por decisión propia de
participar en una cargo de elección popular, de la cual resulta electo,
de estar obligado a ejercer dicho rol con honestidad, honradez,
respeto, y jamás traicionar la confianza de sus electores, pues ellos
le han entregado un apoyo y un respaldo incondicional, destacando además
en sus funciones los valores de la verdad y de la justicia, pues su
desempeño estará centrada en ser testigo que la propia conciencia no es
una mercancía negociable, más aún si el objetivo político de su partido
y la de el mismo es la búsqueda del bien común.
De
lo expresado en el párrafo anterior y con mucha pena, hay que señalar
que en nuestro país en estos últimos años, la verdad, la justicia y la
rectitud no han sido el norte de la clase política, los políticos no
han sido transparente en su actuar, siguen con el enfrentamiento de
posturas políticas, siguen con un comportamiento doble estándar, no
les importa los problemas de la gente, les interesa el poder, el dinero,
y por supuesto los propios intereses personales, además, para lograr
sus miserables objetivos usan la mentira, el doble discurso, el engaño, y
de esta forma atentan contra el bienestar social y económico del país y
de la ciudadanía, por ello, la gente común y corriente piensa que los
políticos son una especie de pandilleros, de aprovechadores y
oportunistas que miran el interés de su propio bolsillo o los intereses
económicos e ideológicos de sus propios grupos y partidos en vez de
tener la vista puesta en el bien común de todos.
El
fortalecimiento de las instituciones políticas y su credibilidad
depende de muchos factores, pero, substancialmente, de la confianza que
sean capaces de generar a la ciudadanía. Esta confianza se gana con
buenas prácticas de los políticos a través del ejercicio de virtudes
cívicas y también por aquel conjunto de valores que, más allá de
opciones ideológicas, la impregnan y deberán ser comunes a todos quienes
ejercen la política, por ello, la honestidad y la honradez deben ser
piezas claves para el desempeño de un político, ser honesto implica ser,
por un lado, decente, razonable y justo; por otro lado, implica ser
probo y recto. Los políticos están llamados a ser los servidores
públicos del bien común, por ello deben trabajar con la verdad y no
engañar al pueblo, menos a sus electores. Estimados (as) Lectores (as):
Mientras la ciudadanía siga eligiendo en los cargos políticos a
personajes que no cumplen con los principios éticos descritos
anteriormente, seguirán las páginas de los diarios y las pantallas de
televisión de este país inundadas con noticias de corrupción, engaños,
fraudes, bajadas y subidas del ascensor para que ciertos señores puedan
cambiarse de cargos como quien se cambia de zapatos, y cuidado que hay
muchos otros individuos que piden la creación de más ministerios en
este país, es decir, hay que agrandar el aparataje estatal para
brindarle mayores fuentes laborales a estos caraduras que no conocen lo
que es trabajar y ganarse el pan con el sudor de la frente.