A propósito del tercer retiro

Hace unos días, cuando
la Cámara de Diputados aprobó el tercer retiro, aventuré que no sería
raro que el presidente Piñera saque del sombrero de mago un proyecto
alternativo para frenar la iniciativa. Es así como el lunes Piñera
presentó un nuevo Ingreso Familiar de Emergencia, ahora enchulado, para
intentar contener los apoyos del oficialismo al tercer retiro. Todo esto
en medio de una ola de críticas al funcionamiento del Bono Clase Media y
al hecho de que la Comisión de Constitución del Senado aprobó la idea
de legislar y este jueves lo votará en sala.

En
este escenario se llega al tercer retiro. Con el apoyo de al menos
cuatro senadores de Chile Vamos todo hace predecir que se contará con
los votos necesarios para aprobar el proyecto. Esto demuestra, sin lugar
a dudas, que el propio oficialismo también entiende que el Gobierno ha
llegado tarde y de forma insuficiente para ayudar a las familias que lo
necesitan con urgencia. Hasta ahora el presidente Piñera ha sido incapaz
de adelantarse a los requerimientos producto de la crisis sanitaria y,
lo que es peor, se ha negado a abrirse a la universalidad y a todas
aquellas medidas que podrían dar algo de tranquilidad a las familias.
Peor aun, plagó de letra chica y requisitos la forma de conseguir ayuda,
representando una verdadera burla a la dignidad de los potenciales
beneficiarios. El resultado probable es que muchos chilenos seguirán
usando sus ahorros previsionales para salir de la crisis, endeudándose y
deteriorando sus realidades económicas venideras. Chile crecerá en
pobres y pobreza, con adultos mayores en extrema pobreza, y nadie hace
nada para exigir un mejo
r escenario.

Frente
a la crítica fundamentada, el Gobierno y la derecha nos acusan de
populistas, sin abrirse a un debate serio. La verdad es que la realidad
es abrumadora. Mientras cientos de miles de chilenos avanzan hacia
condiciones de pobreza, el Estado aún no acumula deudas para ayudar a
los compatriotas, a pesar de poder acceder a préstamos a la banca
internacional. Mientras miles de chilenos sufren escasez y hambre, el
Gobierno aún se niega al impuesto a los superricos y las grandes
empresas, menos aun a eliminar las exenciones tributarias de las cuales
gozan muchas actividades económicas. Mientras los ciudadanos se comen
sus ahorros, incluso los previsionales, el Estado aún no toca los miles
de millones puestos en bonos soberanos, una forma de ahorro para tiempos
difíciles. ¿No será este el tiempo? Mientras el cobre genera ganancias
más allá de las proyectadas en el presupuesto de la nación, el Gobierno
aún no se decide a destinar ese diferencial a ayuda social. Poder llegar
con mejor ayuda, oportuna y apropiada, es un problema de opciones,
decisión y voluntad, que este Gobierno no ha tenido y no va a tener.

Sabemos
que el retiro es una mala política pública, pero ante la agravada
necesidad de la población es una medida extrema para responder con
inmediatez a la ciudadanía. Por tanto, es necesario que junto al tercer
retiro se apure un proyecto de pensiones que evite que millones de
chilenos tengan pensiones miserables, condenándolos a la extrema pobreza
en su vejez. No más AFP.

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