El
proceso de construcción de un nuevo pacto social para Chile no termina
el 4 de septiembre. Ya sea que triunfe el Rechazo o el Apruebo, se
requerirá de voluntad para avanzar en un gran acuerdo político que
posibilite los cambios necesarios, bien para reformar la nueva
Constitución maximalista o para buscar una solución al tema
constituyente. Atendiendo
a lo anterior, la discusión debe darse desde ya tanto por los actores
políticos, como por la sociedad civil. Y en ese línea, los sectores
dialogantes de la centro izquierda, así como también de la derecha, han
dado garantías de cambios en el caso que triunfe el Rechazo. Pues bien,
ahora es el turno de la izquierda. ¿Qué aspectos de la nueva
Constitución se comprometen a modificar en caso que triunfe el apruebo?
Y al referirme a izquierda, incluyo por supuesto al Gobierno,
específicamente al Presidente Gabriel Boric que por estos días oficia de
jefe de campaña del Apruebo. A
medida que se acerca el día del Plebiscito, las emociones propias de
las campañas jugarán un rol clave en el debate. Por ello es fundamental
que las partes sinceren sus posiciones y más allá de apelar a la
emocionalidad del votante con promesas tan esperanzadoras como
inviables, se comprometan en forma seria y republicana a modificar
aspectos de la propuesta constitucional con los cuáles no solo la gran
parte de la ciudadanía está en desacuerdo, sino que profundizarían la
misma inestabilidad y el malestar ciudadano que dio origen a este
proceso constituyente. ¿Se
comprometen a mantener los contrapesos de toda democracia sana como los
son el Senado y el Poder Judicial? ¿Se comprometen a reformar el
sistema político, garantizando pluralidad al darle a los partidos
políticos la importancia que merecen? ¿Se comprometen a corregir el
diseño del Estado Regional? ¿Se comprometen a consagrar el derecho
humano de la igualdad ante la ley, eliminando los sistemas de justicia
diferenciado para pueblos originarios? ¿Se comprometen a erradicar
privilegios como lo es el poder de veto indígena? ¿Se comprometen a
respetar la libertad de las personas de poder elegir qué sistema de
salud prefieren para sus familias? ¿A qué se compromete la izquierda? Lo
anterior es clave porque a cuatro semanas no lo sabemos. Aseguran
–erróneamente- que lo óptimo es Aprobar para reformar, pero no solo no
consideran los cerrojos que la misma Convención Constitucional incluyó
en la propuesta de nueva Constitución, precisamente para que reformarla
sea prácticamente imposible, sino que además no han transparentado qué
quieren reformar. Una
Constitución debe ser un texto que pueda operar en un contexto de
posiciones políticas antagónicas y en ese sentido, las normas de reforma
constitucional deben quedar absolutamente claras. Cuando hay
indeterminación de las reglas, los grupos minoritarios, pero a la vez
extremos, pueden entorpecer el debate constitucional. Considerando este
contexto, el Rechazar para reformar sigue siendo la opción jurídica y
políticamente más viable. Las
Constituciones se redactan para ser un texto vinculante y respetado por
todos. Si la gran mayoría de la ciudadanía y del espectro político lo
tiene claro, ¿qué espera la izquierda para marcar su postura y
transparentar a qué cambios se compromete?