Cada
vez que se habla de los temas de moda en materia de políticas públicas,
aparece casi de manera automática el concepto de la descentralización.
Sin embargo, no podemos obviar que los procesos de regionalización y
descentralización no pueden ser inmediatos.
A
propósito de esto, la Ley de Fortalecimiento de la Regionalización en
Chile, promulgada en enero de 2020, no está mal creada, como algunos
afirman. Todo lo contrario, es un avance y su puesta en marcha implica
desafíos para la actual institucionalidad.
Esta
legislación, está permitiendo que, en forma paulatina, se vaya
generando la descentralización y se comiencen a transferir competencias
desde la administración central hacia las administraciones regionales,
provinciales y comunales.
No
puede ser rápido, porque se generaría un caos y no podemos dejar de
lado la evidencia que nos da cuenta de que entre los gobiernos locales
hay asimetrías, hay diferencias en cuanto a la forma en que estimulan la
productividad o al cómo generan ingresos.
Hay
que ser pacientes, continuar avanzando sabiendo que la decisión de los
presupuestos regionales pasan, a través de Santiago, pero al ir de
manera paulatina con la descentralización, esto permitirá que seamos
nosotros los que vamos a decidir en qué canasta depositaremos los
huevos.
En
el libro “El papel de las regiones en Europa” de Santiago Petschen, hay
un párrafo en el que se cita a Jean Fourastié, que evidencia la
importancia de las regiones y de su esencia. “En
nuestros días, el deseo profundo es conservar un pequeño resto de esta
originalidad y de esta personalidad locales sin las que el mundo se
volvería un tedio fundamental extendiéndose de París a San Francisco y
de San Francisco a Calcuta. La diversidad y el contraste son necesarios a
los hombres sobre el planeta para definirse y para profundizar”.
¿Por
qué es necesaria la descentralización? Porque al irse aplicando, se va
fortaleciendo la democracia y debemos ir avanzando en el proceso de
maduración democrática. También se abren nuevos espacios, se pueden
crear oportunidades para que los territorios tengan un desarrollo
integral y aumenta la participación de la población en el proceso de
desarrollo. A esto, sumamos que la descentralización permite la
redistribución del poder político, que se equipare el escenario.
Un
estudio del Departamento de Modernización del Estado y Gobernabilidad
de la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos
(octubre 2008) plantea que “La gobernabilidad local en la región debe
crear condiciones óptimas para todos los ciudadanos, facilitando la participación en los procesos de toma de decisiones…”.