La votación del domingo pasado nos dejó bastantes sorpresas.
Primero, la masiva votación para tratarse de unas primarias. Más de
tres millones de personas votaron, incluso superando a la segunda vuelta
de los gobernadores regionales. No es posible cantar victoria ante el
enorme desafío que implica la abstención para una democracia, pero sin
duda es una buena noticia. Algunas conclusiones se podrán sacar de esta
pasada por las urnas. Entre ellas, destaco que cuando hay interés en
alguna elección, la ciudadanía concurre a votar y que la apatía política
al parecer no es tan mayoritaria en las nuevas generaciones.
Se
confirma así la importancia y el valor de contar con primarias abiertas
a la ciudadanía, en la que las primeras ideas fuerza de los programas
presidenciales se abren al debate público. Ahora el desafío para los
candidatos presidenciales es hacerse cargo de las diferencias con los programas de los vencidos, para así convencer a sus votantes para seguir sumando.
En
segundo lugar, destaco sin duda el triunfo de Apruebo Dignidad como
pacto político que desde su nacimiento pareciera solo seguir creciendo. A
mi entender, los programas de Apruebo Dignidad, sobre todo el de
Gabriel Boric, pareciera hacer sentido a mayorías en Chile que buscan
transformaciones para acercarnos a una social democracia en la que los
derechos sociales sean una prioridad, se configuren en base a la
solidaridad, en base a políticas públicas respetuosas del medio
ambiente, feministas y que se acerquen a las regiones y comunas de
Chile. Aún cuando otros candidatos se denominaron oportunamente como
social demócratas, la contienda electoral dejó de manifiesto que eran
solo palabras. Finalmente el pueblo de Chile supo distinguir entre un
nombre y el contenido, y estaría escogiendo aquellas alternativas que
defienden dichas ideas y proyecto político de forma sincera y con
sustento programático.