Abigail no está en Chile

El
año pasado fue noticia en el mundo -pero no en Chile- que 83
ultrarricos de distintos países firmaron una carta en la cual pedían a
sus gobiernos que les subieran los impuestos, para contribuir en
programas gubernamentales cuyo destino fuera reactivar la economía y
colaborar con las secuelas que estaba dejando la pandemia desatada por
el Covid-19. En la carta abierta al mundo expresaban: “Hoy, nosotros,
los millonarios y multimillonarios que suscribimos esta misiva, les
pedimos a nuestros gobiernos que nos aumenten los impuestos.
Inmediatamente. Sustancialmente”. En parte de su texto dejaban en claro
que el problema de la humanidad, su desequilibrio económico y el
desmejoramiento en la calidad de vida de las personas no se resolvía con
la simple caridad, por más generosa que fuese. Pero, sin lugar dudas,
bajo mi perspectiva fueron impresionantes los dichos de una de las
firmantes, la heredera de la fortuna de Walt Disney Co., Abigail
Disney, que una vez expresó que “de joven me sentía avergonzada de la
fortuna que tenía”. Solo por curiosidad trate ingenuamente de indagar
en la realidad de mi país y no encontré a ningún superrico chilensis que
hiciera una declaración como Abigail y menos aun que le solicitaran al
Gobierno que le subieran los impuestos o se tocara con el pétalo de una
rosa el comentado bajo Royalty Minero. Solo encontré unas tímidas y poco
comprometidas declaraciones de un gran afortunado nacional que decía
que quizás sería bueno contribuir un poco más. Pero sin embargo encontré
una especie de lista de honor de la Revista Forbes, con las personas
más ricas del mundo (The World Richest People), que este año daba cuenta
de que ocho superricos criollos habían aumentado su fortuna solamente
en el ultimo año en cifras cercanas al 73%. Pero las curiosidades de
este ranking no paraban ahí, la segunda fortuna que más había crecido
era la del Sr. Ponce Lerou, cuyo origen y amase siempre ha sido de
dudosa reputación. En cuya historia también están las coimas
transversales para financiar a políticos de izquierda a derecha e
incluso al hijo de un difunto guerrillero que no tuvo problema en
recibir la dádiva del yerno del dictador, al más puro estilo Macondo
chileno. En el mismo listado predilecto encontré en el cuarto lugar de
los destacados millonarios chilenos la fortuna de Sebastián Piñera &
amily, quienes solo en el último año -paralelamente a pedirles
esfuerzos extraordinarios a los chilenos que experimentaban suspensión
de sus contratos de trabajo y debían recurrir al seguro de cesantía o al
10% de sus fondos provisionales- vieron considerablemente incrementada
su fortuna. También encontré, y tomé violenta conciencia de los
resultados del estudio del Banco Mundial, que nos indica que en Chile el
ingreso per cápita se desplomo en un 40% en hogares donde las personas
perdieron sus empleos, provocando una verdadera bomba de racimo en su
entorno familiar y generando que 2,3 millones de personas de clase
media cayeran en la vulnerabilidad. Venit tempus (llegó la hora) de que
también tomemos conciencia de que si bien es cierto es bueno y necesario
crear las condiciones propicias para la inversión y el emprendimiento,
como elementos fundamentales para el desarrollo económico, se deben
contemplar cargas y deberes para los superricos, más aun cuando muchas
de estas fortunas se han basado, de acuerdo al Foro Económico Mundial,
en una alta debilidad competitiva de los mercados nacionales, que ha
dado origen a una forma torcida de oligopolio rentista.- Analizar en
profundidad un impuesto a los superricos no es un asunto solamente
económico y tributario, sino que un mandato ético si queremos tener una
verdadera cohesión social.

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