El
martes pasado la Cámara de Diputados dio curso al proyecto de
despenalización del aborto hasta catorce semanas de gestación. Sin
dudas, es un debate controvertido. Sin embargo, no demonizo ninguna
postura, ya que sobre temas valóricos existen tantas visiones como
personas o grupo de personas definidas por sus creencias políticas,
religiosas y socio culturales que van desde el aborto libre hasta la
penalización del mismo. A su vez, la incoherencia acompaña al ser humano
desde el principio de los tiempos, ya que gran parte de sus decisiones
se toman desde lo emocional para luego construir un argumento racional
que justifique dicha emoción. Sobre aquello, el que esté libre de
pecado, lance la primera piedra.
Desafortunadamente,
vivimos tiempos convulsos donde los políticos ad portas de una elección
intentaran sacar ventaja de cualquier situación para ganar la
aprobación del electorado objetivo. En este contexto, el debate se
polariza, incluso hasta escuchar vulgares intervenciones como de la
diputada izquierdista Cristina Girardi, quien señaló: ‘ustedes los
hombres, abortan por la boca… ustedes la meten, la sacan y se van para
la casa’. En la otra cara están quienes no se pronunciaron en la
votación, por abstenerse o no asistir como la diputada Sandra Amar. Me
parece imperativo conocer su postura, así como la del resto de los
candidatos al parlamento.
Para
quienes nos declaramos cristianos y actuamos como tales, es decir, de
forma consciente seguimos las enseñanzas de Jesucristo que nos demanda
dar testimonio de abnegación, humildad, caridad, dignidad de las
personas, derecho a la vida, el bien y la verdad, entre otros. Es así
como nos esforzamos en ejercitar y transformar en hábito las virtudes
humanas de honestidad, responsabilidad, servicio a los demás, fidelidad,
sentido de justicia, generosidad, paciencia, bondad… que nos ayudan a
vivir mejor en comunidad relacionándonos con nuestro prójimo. Como seres
humanos, reconocemos nuestras limitaciones, carencias y errores. Pero
anhelamos recorrer el camino de la vida como hombres de buena voluntad
que nos acerca a Dios. En ello no debemos tener vergüenza, al contrario,
nuestro país requiere más que nunca reflexionar y revivir los valores
cristianos, hoy menos visibilizados e incluso rechazados por algunos
sectores de la población.
Dicho
lo anterior, ciertamente detrás de un aborto se esconde un tremendo
drama. En primer lugar, el de la mujer que no desea concebir a su propio
hijo. También, del padre que participa junto a la madre en el acto que
origina la vida, y por ende, es responsable de sus consecuencias. La
madre, soberana de su cuerpo, pero que a su vez cambia su estado por
incubar una nueva vida, y en el reconocimiento del derecho inalienable a
la vida del que está por nacer, los derechos individuales de la mujer
no pueden transgredir el derecho fundamental a la vida del ser humano en
gestación. A todas luces, la decisión de interrumpir o no la vida del
ser que está por nacer debe ser ex ante, no ex post de la concepción.
Aquello exige el mínimo de responsabilidad entre el hombre y la mujer,
que ante un acto sexual consensuado, deciden si tomar o no precauciones
para evitar la fecundación. Las consecuencias del acto sexual es de los
padres, y en ningún caso debe caer la responsabilidad sobre un ser
humano indefenso. La discusión de fondo es reconocer al ser en gestación
como un ser humano que está por nacer. Este reconocimiento como persona
del que está por nacer puede o no estar señalado en nuestra legalidad,
pero su reconocimiento se funda en nuestra creencia de un Dios Creador
como también en los principios humanistas y ejercicio de las virtudes
humanas que nos hacen distintivos como especie.
¿A
quién se le puede ocurrir que un pasajero a bordo de un avión no es
tal, sino a su llegada? Y en el viaje maravilloso de la criatura hasta
su nacimiento, alguien puede pensar que no era una persona? Por el drama
que se puede esconder detrás de un aborto, y tal como no juzgamos a un
juez que condena a un criminal a la pena de muerte, soy contrario a su
penalización, es decir, no debemos castigar a una mujer por cometer ese
lamentable acto. De igual forma, me opongo al aborto libre, ya que de lo
contrario avalaríamos que el que está por nacer no es un ser humano. Y
ante los ojos de Dios y los hombres, mayor o menor de 14 semanas de
gestación, si lo es.