Acción, reacción

¡Oh, el lenguaje! La
tercera Ley de Newton indica que: “Para cada acción hay una reacción
igual y en el sentido opuesto”. Es decir, a toda acción corresponde una
reacción, ni más ni menos.

Recordarán
ustedes sus enseñanzas de la Física, ciencia en la que la observación
permitió la redacción de esta Ley del Movimiento, a presión dada o
impuesta, el que o lo que la recibe retorna misma o similar presión como
respuesta. Todo esto en la materialidad, aquello que es observable,
mensurable.

Y
qué ocurre en otros ámbitos, ajenos a dicha materialidad, ¿se pueden
evidenciar símiles? Por ejemplo, ¿en el comportamiento social de las
personas? La economía, la macro y la micro, también nos da muestras de
que una acción, la que sea, provoca una reacción no siempre impensada o
desconocida sino, incluso, anticipada, prevista.

Por
ejemplo, el consumo, y más el consumo desmedido, trae como
consecuencias un desajuste no menos significativo en la economía
familiar. Si esto lo llevamos a un nivel mayor, el de la economía de un
país, misma o similar acción supone misma o similar reacción. Y si el
comportamiento es a nivel de comunidad de países, el desbarajuste es
mayor, casi como un efecto dominó.

¿Cómo
hacer? ¿Qué hacer? Ejercer mayor control en la dinámica del consumo,
implementar un plan de educación microeconómica a nivel familiar y a
nivel educacional, de manera tal que el efecto del consumo sea comedido,
estabilizador.

Consumir
qué. Esa es la cuestión. Nos desplazamos a un almacén, a una farmacia, a
una mercería, y ya nos es como antes, que traspasábamos el umbral del
local comercial, y luego de unos pasos había un mesón laaargo y tras él,
los productos y el vendedor o los vendedores. Y adquiríamos lo que
necesitábamos, no más. Ahora, luego de la puerta, hay muchas góndolas, o
vitrinas exhibiendo muuuuchos productos, y con probabilidad, ninguno de
ellos es el que necesitábamos comprar. Estos distractores hacen que la
lista de productos por comprar se fuera al tacho, y ya es más que
anecdótico que en el bolso portamos todo, menos aquello que íbamos a
comprar. Y hay más, ya frente a la caja, en especial, en una
pseudofarmacia, nos ofrecen algunos otros productos que más bien le
interesan al cajero sean adquiridos.

Acción
y reacción. La oferta y la demanda. Debieran ser normales, regulares,
en la conducta de uno y de todos, sin embargo se desajustan, se
desacoplan y provocan más daño que beneficio.

En
serio, muy en serio, debemos ocuparnos de una mayor educación en la
economía doméstica, familiar y, en ese empeño, deberíamos contar con el
apoyo del sistema educacional formal, con el apoyo de la escuela, del
liceo, sino de la educación superior. No deberíamos dejar librado esto a
la espontaneidad o al libremercadismo.

Nunca es tarde, nunca. Más vale intentarlo que no hacerlo.

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