Hace
unos días participamos como expositores en el seminario “Crimen
Organizado, cómo se financia y funciona en Chile”, organizado por el
Observatorio de Comercio Ilícito (OCI) de la Cámara Nacional de Comercio
(CNC). Dentro de las varias ideas que planteamos, mencionamos que hemos
detectado la necesidad de actualizar las normativas y leyes bajo las
cuales desarrollan su trabajo los funcionarios del Servicio Nacional de
Aduanas y de otras instituciones, tanto para fiscalizar, controlar y
facilitar el comercio exterior, como para proteger las fronteras de
Chile y a nuestras familias.
Aduanas,
como nos hemos encargado de comunicar y difundir profusamente cada vez
que tenemos la oportunidad, no sólo debe velar porque el comercio
exterior se desarrolle correctamente, sino que también tiene entre sus
competencias y roles el combate del tráfico o contrabando de drogas,
cigarrillos, armas y fuegos artificiales, productos falsificados y otros
tipos de delitos de contrabando.
Toda
esta labor está contextualizada por la aplicación de un marco legal
compuesto por la Ordenanza de Aduanas y otros cuerpos legales como el
Código Procesal Penal, el Código Penal, la Ley 20.000 y otras leyes.
A
fines de mayo se dio un paso muy importante con la dictación de la Ley
21.336 que endurece las sanciones para el contrabando y muy
especialmente para el tráfico de cigarrillos, un delito que está muy
extendido en todo el país y que desde Aduanas hemos enfrentando
históricamente con mucha efectividad, pero que ha adquirido un nuevo
estatus al estar muy relacionado al narcotráfico dada la alta
rentabilidad que otorga y la baja penalidad con que se sancionaba hasta
ese momento.
En
términos generales, el planteamiento apunta a introducir nuevas
herramientas investigativas e integradoras entre todas las instituciones
abocadas a enfrentar el crimen organizado, recogiendo, como lo hemos
dicho en otras oportunidades, las mejores prácticas de legislaciones
internacionales para, por ejemplo, sancionar y perseguir la asociación
ilícita.
En
todo esto la profundización del trabajo coordinado, de inteligencia y
de intercambio de información, que ya se hace con bastante fluidez,
sigue siendo la clave porque de ahí van surgiendo las diversas líneas de
trabajo y las nuevas formas para poder enfrentar la complejidad de este
tipo de delitos.