Acuerdos condicionados

Resulta
altamente preocupante la proliferación de convocatorias a ponernos de
acuerdo en diversos temas que son trascendentales para nuestra vida
democrática. La oímos desde todos lados, y en la práctica es una
invitación de quienes las profieren de que sus interlocutores se
adhieran de manera irrestricta a sus planteamientos. El concepto acuerdo
en el sentido etimológico estricto exige conversar, razonar y convencer
para luego ceder, sino el espíritu que se respirará es el de “acordemos
lo que yo diga”.

Lo
hemos visto en la posición intransable del gobierno cuando ocurrió el
estallido social y donde se trató de imponer un imperativo de fuerza
sobre una posición pacífica. Los resultados posteriores fueron una
reacción inevitable a la falta de coordinación, conversación y acuerdos.
Eso incrementó la brecha a niveles extraños y la lucha fratricida llegó
a un límite insospechado y peligroso. Luego continuó con el tema del
Covid y la intransigencia del Ministro de Salud que hacía y decía lo que
quería, como un patrón de fundo sin escuchar opiniones, asesores y
expertos en una situación que involucraba a toda la nación, a la salud,
vida y seguridad de gente de distinta posición social y donde era
necesario mirar los múltiples factores que hacen que un ciudadano se
desarrolle o se limite en ello.

Continuamos
con el tema educacional y las posiciones de trinchera en que están
gobierno y profesores. Dejan en el medio a alumnos, apoderados y una
enorme gama de intermediarios donde cada uno considera que la posición
propia es la correcta y no cede, no escucha y menos empatiza con los
realmente afectados.

El más reciente es el de
la impresentable “ninguneada” a la señora Presidenta del Senado a quien
el 26 de febrero dejaron sola en una conferencia solo porque señalaría
no estar de acuerdo con la militarización de la Araucanía. Un acto que
ha sido reprochado por todos los sectores, incluso por los escasos
cercanos al Presidente de la República que siempre encon
trarán
justificación a su proceder. No le gustó su posición y volvemos a lo
mismo. Antes había señalado que no conversa con quienes no tienen
interés de avanzar, imputando a Jadue un obstruccionismo que no conoce
porque no lo escucha. No le interesa el que piense distinto, el que
pueda tener otras soluciones o el que pueda ver las cosas de una manera
diversa. La pelota es mía y me voy y me la llevo cuando quiero.

La
arrogancia de Jaime Belollio el domingo 21 de febrero es igual de
decidor. Orgulloso por el posicionamiento de su partido que va a
obtener, según sus dichos, la más alta votación, la mayor cantidad de
constituyentes y el porcentaje de, al menos 33% para tener el tercio que
aspiran los del “Rechazo” para evitar acuerdos en la Asamblea. Entonces
¿de qué “pongámon
os
de acuerdo” nos hablan? Tras una arremetida multimillonaria van a
posicionar a sus candidatos en una lista única para ganar todos los
escaños posibles y conformar ese bloque que demuestra lo antidemocrático
de su pensamiento. Se juega con las esperanzas del pueblo y están
agradecidos de la dividida oposición que no tuvo voluntad ni quiso
organizarse de ir en una sola lista para evitar ese resultado.

La
gente pidió que los partidos no participen en este proceso. Las listas y
sus adherentes, aunque estén investidos como independientes, no lo
serán nunca y responderán a los intereses de l
os
de siempre. Si la población no escucha ni reacciona y se deja llevar
solo por la propaganda, tendremos un resultado lamentable. Los acuerdos
se hacen con gente que quiere conversar, que quiere razonar, que puede
ceder. Un bloque como la UDI, defensora de la Constitución del 80 y
promotora del Rechazo no va a negociar nunca con quienes estén en
desacuerdo con ellos.

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