Adiós Juan Carlos Águila Guerrero

“Es necesario que todos
sepan que aún existen personas buenas”, expresó conmovida, Luisa
Velázquez (62), líder voluntaria de Hogar de Cristo, cuando supo de la
partida de Juan Carlos Águila Guerrero, quien falleció semanas atrás a
los pies de la Gruta de Lourdes en calle Mejicana, en el Instituto
Sagrada Familia.

Escribo
desde el sentimiento de la soledad y la despedida, de la orfandad que
deja la muerte, y la frustrante tristeza de no haber podido estar a los
pies de la virgen en el momento de la partida de nuestro amigo Juan
Carlos. ¿Por qué se mueren las buenas personas, aquellas que han
transformado su vida en servicio?

Se
nos fue súbitamente, a los 49 años, un misionero del padre Hurtado,
voluntario del Hogar de Cristo, voluntario de la Casa del Samaritano,
colaborador de la Comunidad Cristiana Puro Corazón, del Oratorio Jacinto
Boco, que siempre decía: “Siempre hay que estar preparado para ayudar a
mis amigos de la calle”.

¿Qué
podemos aprender de Juan Carlos? Su paso por nuestra región nos obliga
preguntarnos qué es lo verdaderamente importante. En Magallanes cerca de
200 personas siguen en situación de calle. Un drama que empeora, si
consideramos que además hay más de mil familias en nuestro territorio
sufriendo escasez alimentaria, una de las formas más crudas de la
extrema pobreza.

Por
eso no me extraña que exista tanta confusión, tanta lejanía de todo,
tanta desolación por la partida de nuestro amigo. Ya han pasado un par
de semanas desde que ya no trajina más por sus amigos de calle… ¿Habrá
otro que recoja su afán?

La
acción de Juan Carlos nos cuestiona, nos remece, nos moviliza. Porque
necesitamos personas como él, que hacen de cada día, de cada hora, de
cada respiro, una causa por la vida de los demás, cuyo testimonio
recuerda la esencia misma de Hogar de Cristo: ser como un fuego que
enciende otros fuegos.

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