Una de las reglas
fundamentales de cualquier inversionista se relaciona con la
diversificación de sus activos; en buen chileno “No colocar todos los
huevos en la misma canasta”. Esta es la idea de los multifondos de
pensiones de la AFP; iniciativa que comienza a regir el 1 de agosto del
2002, en el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar.
Claramente,
la AFP ya tenía inconvenientes en aquel entonces. De modo, que la
pregunta en el cambio de milenio, se relacionaba con la forma de
administrar los fondos de los trabajadores. La solución fue sencilla,
crear un sistema donde el trabajador pueda escoger libremente las
alternativas de inversión que les permitan capitalizar sus ahorros. En
otras palabras, ahora los fondos de los trabajadores ingresan de lleno
al mercado financiero, y ese dinero puede ser prestado e invertido en
distintos instrumentos financieros, con el fin de entregar una
rentabilidad.
En lo personal, creo que la discusión era necesaria, no obstante,
se asume en esta propuesta de inversión que el trabajador posee el
conocimiento financiero necesario para la toma de decisiones. Eso no es
cierto y tampoco tiene porque serlo.
Encuestas
muestran que cerca del 75% de los chilenos desconocen cuánto de su
dinero va a su fondo de previsión, y ese porcentaje aumenta, cuando se
pregunta sobre la comisión que le cobra su AFP. Es con esto, que se
subentiende que el trabajador no tiene el conocimiento necesario para la
administración de sus carteras de inversiones, y a mi juicio esa es la
principal debilidad.
Pero
bien, estos multifondos tienen diferencias de rentabilidad. Y aquello,
se debe a la proporción invertida en títulos de renta variable. ¿Esto
qué quiere decir? Esto significa que existen algunos fondos que tienen
un componente de renta fija, es decir, que no puede cambiar, y a la vez
tienen un componente de renta variable, que si puede cambiar. Por
supuesto, un título de renta fija no tiene riesgo y, por ende, no genera
pérdidas, mientras que un título de renta variable si tiene riesgo y,
por ende, podría generar pérdidas.
Por
ejemplo, el Fondo A es de alto riesgo, es decir, tiene un componente
variable que se encuentra entre un 40% y un 80%; mientras que el Fondo E
es un fondo conservador, donde su componente variable llega sólo al 5%.
Es con esto, que se debe derribar el mito relacionado con el Fondo E,
ya que independiente que es un fondo conservador también presenta
pérdidas producto de su componente variable.