Es
la pregunta del millón que preocupa a las familias y debería ocupar a
las autoridades. Por supuesto que no se trata de un fenómeno espontáneo o
reciente, se trata de un incremento del delito y la delincuencia en
Chile y prácticamente en todo el territorio nacional; eso sí, el aumento
de hechos de violencia crece y aumenta en cantidad y gravedad de manera
más que acelerada.
Los
números son claros y así quedó demostrado en febrero pasado en el
informe anual de la Subsecretaría de Prevención del Delito donde queda
manifestado lo anterior.
Así
es como los delitos de mayor connotación social muestran un aumento de
44,6% durante 2022 en comparación con 2021. Lo mismo ocurre con los
robos con violencia, 63,1% más que el año anterior, y el robo en lugar
no habitado supera el 56% comparado también con el año anterior.
Y
si bien, hasta hace no mucho tiempo atrás, decíamos con cierto orgullo
que Magallanes o Punta Arenas eran una región y una ciudad tranquilas,
con pocos delitos, durante el último tiempo, esas expresiones han
quedado cada vez más lejos del comentario local, para dar paso a uno más
parecido al que escuchábamos en el norte.
Lamentablemente,
la tranquilidad ya es casi cosa del pasado en esta parte del país. Si
bien, seguimos habitando un lugar que no tiene comparación con otras
regiones, la violencia y la droga han comenzado a ganar cada vez más
espacio en las calles.
No se trata solo de una percepción, las cifras avalan esta sensación de inseguridad.
Según
el mismo informe citado, mientras en 2020 los delitos de mayor
connotación social contabilizaban 1.484 en Magallanes, en 2021 fueron
1.474, en tanto durante 2022 fueron 1.992. Entre estos, los hurtos
fueron en 2020, 540, en 2021 513, y en 2022, 738. Y en el caso de
lesiones menos graves, graves y gravísimas, en 2020 se contaron 154, en
2021 140, y en 2022, fueron 208.
Las
estadísticas son claras, y no hace más que corroborar el temor y la
preocupación que expresan los ciudadanos y las familias.
No
cabe duda que la problemática está en la agenda de las autoridades y
que forma parte de las principales preocupaciones de los organismos
responsables y competentes. El asunto es, qué pasa que no se observan o
perciben avances en el control de la delincuencia. Qué pasa que el
narcotráfico parece cada día más poderoso y peligroso. Por qué las
policías, en particular Carabineros se muestran vulnerables frente a
delincuentes e impunes. Mención aparte para los uniformados caídos en el
cumplimiento del deber.
Como
ocurre la mayoría de las veces, siempre surgen más preguntas y
cuestionamientos que respuestas y certezas. Ante esta realidad que nos
golpea, nos planteamos si es que, las estrategias y programas
desarrollados hasta el momento, pueden seguir vigentes o es el momento
de estudiar y coordinar nuevas acciones para devolver la tranquilidad a
las comunidades.
Al
igual que en otros tantos temas, es necesario, primero, una condena
firme y convincente a la delincuencia y los delincuentes. No se puede
dudar ni puede existir en esto una doble moral o doble discurso. Eso,
como punto de partida, que no es menor. Son las autoridades las primeras
en entregar un mensaje claro ante el fenómeno delictual.
Por
otra parte, resulta indispensable trabajar de manera coordinada con los
entes involucrados y los propios vecinos para activar nuevos y mejores
mecanismos. Alcaldes, policías, juntas de vecinos, organizaciones
sociales y educativas tienen mucho que aportar y deben ser escuchadas
(no se entiende como el reclamo ciudadano por las carreras clandestinas
en costanera y centro de la ciudad no tengan todavía una respuesta
clara).
Resulta
inaudito cerciorarnos que en las últimas horas los estudiantes están
siendo blanco de la delincuencia y ya suman varios cobardes asaltos en
la Región Metropolitana. Las instituciones con atribuciones
constitucionales son las llamadas a poner coto y desbaratar esta nueva
estrategia del hampa.
Por
supuesto que no existen soluciones mágicas ni iluminados; lo que sí es
indiscutible, es que hay que adoptar medidas ahora (ya llegamos tarde),
antes de que sigan ganando los malos.