Aguas movedizas

A
fines de los 90 el sociólogo polaco Zygmunt Bauman acuñó la definición
de “modernidad líquida” para definir la sociedad que venía y en la que
estamos viviendo actualmente. Respecto a esta, Bauman propuso que la
modernidad de la posmodernidad se caracterizaría por tiempos y valores
líquidos, flexibles, volubles e inestables.

Algo
de esto es lo que constatamos recientemente a partir de los resultados
de la encuesta CEP. En lo llamativo el estudio establece que las
Universidades gozan de los mayores niveles e índices de confianza (47%),
seguidas por las radios (38%) y la PDI (36%). Y si nos adentramos en el
terreno político observamos que la Convención Constitucional logra una
paupérrima confianza de 24% (dilapidando lo sembrado previo a que se
hicieran públicos los bochornos e irregularidades de algunos de sus
convencionales). Le siguen (era que no) el Gobierno (11%), Congre
so
(8%) y los Partidos Políticos (4%). Sin embargo, y a pesar de los
mediocres resultados de estos tres últimos, las personas siguen
prefiriendo la democracia (61%) por sobre otras formas de gobierno, aún
cuando un 13% considera que en algunas circunstancias un gobierno
autoritario puede ser preferible mientras que a un 17% le da lo mismo.
Como observamos, hasta el momento, todo muy movido y convulsionado.

Pero
donde sí encontramos un escenario genuinamente “líquido” es en la
próxima elección Presidencial donde, ante la pregunta “quién le gustaría
a Ud. que fuera la o el próximo presidente de Chile” el abanderado
magallánico, Gabriel Boric, encabeza las preferencias con un 13%,
seguido muy de cerca por Sebastián Sichel (11%). El resto de las
candidaturas logra indicadores más bien marginales por lo que es posible
prever que la disputa electoral ya estaría encajonada entre Boric y
Sichel. Sin embargo, en este mismo cuadro y ante la pregunta “no sabe /
no contesta”, el porcentual se dispara a un sorprendente 50%.

Pero,
¿realmente debiera sorprendernos que un 50% de los votantes en Chile no
sepan por qué candidato a la presidencia van a votar? Claramente esto
evidencia, de forma categórica, la mayor debacle en términos de
desconexión, desinterés y desafección. Más aun considerando que estamos
ante la elección presidencial más importante de los últimos años
protagonizada por las candidaturas más débiles del último tiempo,
carentes de épica, relato, confianza y trayectoria. De este escenario,
que por lo demás grafica también el cambio de época que estamos
viviendo, saldrá el liderazgo responsable de dirigir los destinos del
país por los próximos cuatro años. Y si bien las tendencias indican que
el próximo presidente de Chile saldrá de la disputa Sichel – Boric lo
cierto es que aún es temprano para hablar de triunfos o derrotas, más
aún considerando que los tiempos en política son altamente dinámicos,
inciertos y vertiginosos.

Las aguas no sólo se están moviendo, sino que seguirán en constante vaivén en los meses venideros.

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