La primavera es el periodo del año donde más incidencia hay de alergias, con los consiguientes trastornos dermatológicos y respiratorios. Sin embargo, hay alérgenos que permanecen durante todo el año.
Un chopo colmado de polen / MANUEL H. DE LEÓN
El sistema inmunológico tiene la función de defender al organismo frente a ataques de cuerpos extraños, pero en muchas ocasiones puede provocar una reacción desproporcionada con efectos no deseados. Así se producen las alergias. “Los efectos, en la mayoría de ocasiones, son de tipo inflamatorio provocando conjuntivitis, urticaria, dermatitis o incluso asma”. Las más prevalentes en primavera son las rinitis alérgicas y el asma. Los pólenes son la causa más frecuente, provocando problemas de respiración, tos, mucosidad, lagrimeo, congestión nasal y en ocasiones cansancio. Los tratamientos habituales para la alergia son: medicamentos y medidas de protección. Los medicamentos más utilizados son los antihistamínicos, aunque suelen tener efectos secundarios un tanto incómodos como la somnolencia o la sequedad de boca y fosas nasales. Desde el punto de vista nutricional, se recomienda beber abundante agua para reducir el impacto de las alergias a pólenes y favorecer la eliminación de la mucosidad, así como seguir una alimentación rica en productos frescos, con alto contenido hídrico, como las frutas y las hortalizas, que aportan vitamina C y contribuyen al funcionamiento normal del sistema inmunológico. “No obstante, lo más importante frente al cuadro alérgico primaveral relacionado con el polen es intentar evitarlo y tratar los efectos secundarios de la reacción del sistema inmune. Aunque las alergias al polen se disparan en esta época, siendo residuales en invierno y en otoño, hay otro tipo de alergias cuyas consecuencias se mantienen durante todo el año: las alimentarias. La alergia a los medicamentos, dermatitis, picaduras de insecto o a los alimentos son otro tipo de alergias no relacionadas directamente con la estación del año.
Entre el 6 y el 17% de la población padece algún tipo de alergia alimentaria. “Los síntomas más frecuentes suelen ser urticaria, hinchazón, vómitos, asma, e incluso un cuadro de anafilaxia, que es una reacción alérgica grave que afecta a todo el organismo”, La anafilaxia afecta particularmente a los niños. “Además, la mayoría de la población no es consciente de que esta reacción puede provocar incluso la muerte”.
Actualmente más de 120 alimentos producen alergias alimentarias, y según los datos de una revisión sistemática de más de 60 estudios, las prevalencias de la alergia por grupos de alimentos en población aproximadamente del 6% a la leche de vaca, del 3,6% al trigo, del 2,5% al huevo, del 2,2% al pescado, del 1,3% al mariscos, del 1,3% a los frutos secos, y 0,4, en concreto, al mani , la alergia a la leche de vaca y al huevo es más común en jóvenes y niños, mientras que en adultos y mayores es más frecuente la reacción a los frutos secos, al pescado y al marisco. “Si nos han diagnosticado una alergia tenemos que tener muy presentes aquellos alimentos que nos pueden ocasionar una reacción según el diagnóstico, tanto en el momento de la compra como cuando comemos en cualquier restaurant u hoy Delivery, por la circunstancia de pandemia.
Se recomienda que las personas diagnosticadas de una alergia alimentaria revisen los alimentos que consumen mirando detenidamente las listas de ingredientes de las etiquetas. “La declaración en la etiqueta de los ingredientes que pueden ocasionar alergia es obligatoria y todos los alimentos, ya sean o no envasados, deben indicar la presencia de ingredientes o sustancias que causan alergias o intolerancias”. Muchos productos envasados o procesados o ultraprocesados pueden contener entre sus ingredientes frutos secos, soja, proteína de la leche, derivados del trigo, etcétera. Por lo que cuando se sufre de una alergia es importante revisar la composición de un producto.