El
pasado viernes los magallánicos fuimos sorprendidos por la recepción de
avisos de evacuación del borde costero con alertas de tsunami vía
mensajería de texto en los celulares. Pocos minutos antes, los
noticieros informaban la ocurrencia de un terremoto grado 6,9° Richter
(corregido posteriormente a 7,5°), pero a excepción de isla Navarino,
pasó casi desapercibido en la comunidad. De ahí la sorpresa por las
alertas, de ahí el desconcierto, de ahí las dudas. Pese a ello, hay que
reconocer que la ciudadanía reaccionó con tranquilidad y
disciplinadamente, realizando una evacuación exitosa. Sin embargo, en el
proceso la incertidumbre, la falta de información y la poca claridad
técnica oportuna sobre el evento llevaron prontamente al cuestionamiento
y a la deserción.
Partir
diciendo que siempre será mejor prevenir que lamentar; por tanto, esta
columna sólo pretende colaborar con la información necesaria para
aclarar las dudas de la comunidad. Educar lleva al entendimiento y el
entendimiento lleva al compromiso. Hay que decir que la región de
Magallanes tiene múltiples sismos anuales, generalmente asociados a
volcanes en el lado norte y a movimientos tectónicos de Tierra del Fuego
al sur, aunque normalmente son imperceptibles. Los sismos tectónicos
comúnmente se deben al desplazamiento de la placa de Scotia, la cual
tiene diferentes tipos de interacción con las placas Antártica y
Sudamericana dependiendo del segmento del límite tectónico. En el lado
norte la placa de Scotia se desplaza en sentido contrario a la placa
Sudamericana, una interacción conocida como cizallamiento, que produce
no una colisión ni separación, sino un roce que, al trabarse, genera la
acumulación de energía y la posibilidad de un terremoto al destrabarse.
Esta interacción, expresada en la falla de Magallanes-Fagnano, fue la
responsable de los 2 terremotos del año 1949. Por otro lado, la
interacción en el lado sur entre la placa de Scotia y Antártica es de
tipo divergente, es decir tienden a separarse, provocando la expansión
del fondo oceánico o la surgencia de magma. Esta interacción fue la
responsable del terremoto del pasado viernes 2 de mayo. Por ello es
importante entender y educar sobre el origen de nuestros sismos porque,
si bien ambas interacciones conllevan posibilidades de riesgos, es mucho
más probable que un terremoto con epicentro en la falla
Magallanes-Fagnano pueda generar efectos más inmediatos, con mayor
peligro y consecuencias sobre la población.
A
mi celular el aviso de evacuar llegó a los 15 minutos después del
sismo. A esa altura la ciudadanía ya tenía información sobre el
epicentro e intensidad del sismo, lo cual, por experiencia, aunque sea
televisiva, permite concluir que habrá tiempo para reaccionar. Dónde se
produce la ruptura y a qué distancia se produce desde los distintos
centros poblados, debe ser fundamental para dar la primera alerta. Con
poca información seguramente dar orden de evacuación para la provincia
Antártica era absolutamente entendible, pero parece un despropósito que
se aplicara al resto de la región, considerando inicialmente sólo la
variable velocidad de la ola. El sistema de alerta tiene la obligación
de ajustar la alerta diferenciando un área más acotada de riesgo con
fines de evacuación y otra de precaución en donde aún hay tiempo para
una evaluación más técnica y precisa. Insistir en alertas generalizadas
podría generar una falta de credibilidad en la población y la
consecuente falta de compromiso con la evacuación, que podría
convertirse en una tragedia el día que necesariamente sea requerido. A
lo anterior, deben sumarse otras variables, donde es evidente que la
geografía de nuestra región debe ser considerada, ya que el gran
archipiélago, con fiordos y canales, ayuda a que los tsunamis tiendan a
disipar sus efectos sobre los sectores costeros. Responsabilidad de los
gobiernos regionales es informar y educar sobre las áreas de mayor
riesgo en la región, en donde probablemente las bahías y deltas de ríos
serán siempre las más vulnerables.
Una
duda soterrada que quedó en el tintero fue si teníamos el equipamiento e
infraestructura necesaria para poder predecir el avance del tsunami. Al
parece la red de boyas meteorológicas y oceanográficas es limitada para
poder predecir en tiempo real el comportamiento y variación del oleaje.
A propósito de la discusión del Plan de Zonas Extremas quizás aún
estamos a tiempo de remediar esta necesidad de equipamiento.
Finalmente,
el tsunami nos deja trabajo por hacer, para mejorar la predicción y
asegurar el bienestar de la población. Prevenir para no lamentar, pero
también informar y precisar para mantener el compromiso.