Este
fin se semana se desarrollará en nuestro país un proceso eleccionario
histórico en el marco de nuestra a veces debilitada democracia. Su
relevancia tiene una dimensión especial, dadas las circunstancias de
restricciones sanitarias y el momento político institucional que
vivimos.
Estará
en juego una vez más la participación de la ciudadanía en este nuevo
ejercicio de la democracia representativa, a la cual se la vilipendea
exigiendo mayores cuotas o poder de decisión, olvidándose que lo primero
que se requiere es ser ciudadano o ciudadana responsable y
comprometido. La buena combinación entre democracia representativa y
participativa no se alcanza porque caiga del cielo un meteorito
o la intersección de alguna divinidad desconocida, simplemente se
requiere cumplir con un sano y necesario deber: informarse y votar.
Quizás
la alargada pandemia y sus cuarentenas nos jueguen una mala pasada.
Pero la esperanza esta blindada por la experiencia que vivimos en el
plebiscito de 2020, en el cual la participación de la ciudadanía le pegó
un portazo al statu quo y al negacionismo de la real necesidad de
tener una nueva Constitución, que le dé un verdadero sentido al Estado y
nos acoja a todos pese a nuestras diferencias.
Es
muy importante la elección del fin de semana, pese al error del Poder
Ejecutivo y Legislativo de haber juntado tantas elecciones en una misma
fecha. La elección de constituyente debió haber sido una elección única y
exclusiva por la relevancia que tiene. Se elegirán representantes para
un propósito determinado, único y hasta solemne, como es el de ayudar a redactar una nueva Constitución.
Los
potenciales constituyentes no solo deben tener ganas, sino que sobre
todo una gran conciencia de la responsabilidad que ello significa; no es
una elección más, en la cual a través de una nueva votación cuatro años
más tarde se les puede decir a los elegidos que se vayan a la casa.
La
elección de constituyentes es un proceso en el cual se requiere
descubrir y correr el velo para que queden en evidencia las personas que
no aprecian la democracia, que solo les gusta un espejismo de ella,
ojalá con una Constitución que represente algunos torcidos intereses.
Muchos de los que postulan hoy le tienen miedo a la democracia, les
gusta ponerle apellidos, como protegida, u otros o simplemente decirle a
su fanaticada que llegamos a esta elección porque se le puso una
pistola en la cabeza. No son capaces de comprender que la democracia se
cuida con más y mejor democracia y también con cohesión social: en la
cual las personas se sientan parte de un proyecto común y obedezcan a
sus autoridades porque les creen y confían en ellas.
Son
varios los tamices, cedazos o coladores de rejillas estrechas por los
cuales la ciudadanía debería hacer pasar a los candidatos, para que no
se frustren las esperanzas: ¿Tienen ideas democráticas? ¿Hacen su vida
en la región? ¿Desde cuándo viven en Magallanes? ¿Son realmente
independientes o los apoya un partido? ¿Son o no apoyados por empresas
mineras u otras? ¿A que directorios de empresas pertenecen? ¿Qué
intereses protegen? ¿Cuáles son sus virtudes y sobre todo sus
limitaciones?, etc.
Solo
así los magallánicos podrán protegerse de los embustes y la degenerada
demagogia y despilfarro de recursos en publicidad del que han hecho gala
algunos candidatos.
De la ciudadanía magallánica depende de que esta no sea una elección más.