Algoritmos con ética

Qu’est-ce que c’est? ¿Qué es esto? ¿Uno con otro? ¿Qué influye en qué?

¿Ciencia
y tecnología humanizadas? C’est posible? ¿Es posible? Yo, sí, creo que
es posible. ¿Cómo? ¿Por qué? Porque quien, quienes se ocupan de la
ciencia, de la tecnología son, ni más ni menos, personas que se han
educado, formado en espacios comunitarios abocándose a sus estudios, a
sus investigaciones y han sido educados por profesores que han
privilegiado la formación de personas, ese, matices más, matices menos,
ha sido siempre el propósito de sus comunidades educativas.

Que
ya suman y suman los años en que nos estamos llenando de claves, de
contraseñas, de huellas, de iris, de números y más números, de
caracteres y más caracteres, ya no queda espacio en una pequeña libreta
para anotar esas claves, y es que son muchos los vínculos con servicios,
empresas, bancos, compañías de seguros, tarjetas,… ¡cómo no volver a la
libreta de ahorro del banco del estado! Así comenzó todo, así comenzó
todo.

Ahora
toda conducta o comportamiento es seguido de cerca por algún algoritmo.
Todo está controlado. Saben, se sabe, “alguien” sabe que tenemos interés
en la compra de un producto, y así nos llenan de avisos, de “anuncios”,
como dice mi pequeña nieta, solo porque, precisamente en algún anuncio,
algo, algún producto llamó nuestro interés, porque cliqueamos sobre su
imagen, incluso solo por error. Bastó, solo eso bastó, para que luego,
asomen varias veces sino el mismo anuncio o similares de la misma
empresa, y esto casi como persecución. Y no nos debiera extrañar que
hasta lleguen hasta nuestro número de contacto telefónico.

Lo
mismo si eres o somos de cierto tramo etario, por distintas vías asoman
las ofertas, sino de seguros, de camposantos, de… un sinfín de
productos, tangibles e intangibles.

Todo,
casi todo es objeto de dominio, sino acoso. ¡Qué decir de los llamados
telefónicos o spam, o correos electrónicos no deseados, no solicitados,
que diariamente saturan, sino agobian, hasta la saciedad. Felizmente, se
anuncia legislación en contra de esa práctica abusiva. Ojalá mermen.

¿Es
que la preeminencia de los algoritmos en nuestra vida presente y futura
implicará siempre dominio de ellos? ¿Cuándo regiremos o conduciremos
designios personales por propia y genuina elección y no por “presión”
algorítmica?

Sin
duda, es preciso dar atención a los algoritmos, en su origen creados
por humanos, que sí ayudan, pero ya se entrometen demasiado en nuestras
vidas, en nuestros dominios, se anticipan, y no pocas veces deciden por
nosotros.

También es claro, debemos convivir con ellos, pero sí se debe procurar hacerlo con asomos de humanidad.

¿Se puede? ¡Sí, se puede!

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