Ambiente y necesidad de una humanidad no antropocéntrica

Mucha
gente considera que el planeta Tierra es una gran acumulación de
piezas, las que, con principios de acción y reacción, se articulan, se
movilizan y son capaces de generar cada uno de los procesos y eventos
que observamos y vivimos diariamente. En ellos solemos incluir desde los
que tienen una causa netamente asociada al hombre, hasta los que
representan funciones propias de una naturaleza originada hace 4.500
millones de años. Curiosamente, entre estos últimos debemos incluir a
nuestra propia especie. Como se ha ido dando la historia de nuestra
civilización, quizás hemos estado perdiendo, ya sea de manera
intencionada o no, la noción básica de ser elementos integralmente
relacionados con el resto de las piezas que conforman el sistema
natural, y con ello hemos estado ubicando, en un lugar muy secundario
dentro de nuestra escala de preocupaciones, el simple hecho de que el
sistema puede prescindir de nuestra presencia sin generar ninguna
situación caótica o producir alteraciones cuya gravedad haga suponer el
fin de la historia planetaria. Aun más, la actual situación
socio-económica y sanitaria que se vive en la región, en el país y en
todo el pequeño planeta Tierra, no hace sino reforzar la idea de que la
sobrevivencia, mirada desde todos los puntos de vista posibles, sigue
siendo el tema imperativo de nuestra discusión política y la urgencia
del momento, lamentablemente desde la exclusiva mirada del humano. Fuera
de contexto actual, definido mayoritariamente por todo lo que se pueda y
deba asociar a la pandemia, queda el sombrío y secundario panorama del
ambiente y que se define también desde lo regional hasta la globalidad
del planeta. La profunda condición humana todavía exige un espacio
mínimo para mantener la idea de que, si bien la naturaleza no soluciona
la crisis social y sanitaria, no hay dudas de que la puede agravar. Pese
a ello, y estando insertos en un modo de ser y de hacer producido por
un largo proceso civilizatorio que ha negado la vida de la naturaleza
para proteger la vida humana, es difícil llamar la atención sobre la
crisis que va de la mano con el estado ambiental dentro del cual estamos
obligados a desarrollar nuestras funciones. El ambiente es un tema de
la especie humana en su conjunto y no de una época o de una determinada
clase social, por lo que no debería estar limitado solo a un conflicto
aparente entre poder y tecnología, encubriendo las nuevas relaciones
económicas que emergen de la relación humano-naturaleza y ocultándolas
tanto de la observación crítica como de la conciencia ciudadana. El
problema ambiental no es una cuestión de ciencia, tecnología,
conocimiento e innovación, es también una cuestión de Valores Políticos.
El acto de “cuidar el ambiente” es político en tanto que, sin un
ambiente saludable, la ciudadanía no puede conseguir sus aspiraciones,
ni participar en su entorno para transformar aquello que le afecta, ni
siquiera vivir en un nivel acorde con sus condiciones mínimas de calidad
de vida. La concepción comunitaria del cuidado en pro de la
supervivencia se ha dispersado en pro de la individualidad consumista,
despojándonos de una memoria de unión y de un cuidado como pensamiento,
es decir, de un cuidado que nos compete a todos y a todas. Todos y todas
tenemos la responsabilidad y el compromiso de hacer las cosas bien, y
bien implica moral y ética ambiental con los seres humanos y con la
naturaleza desde una visión no antropocéntrica.

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