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na vieja canción dice en parte “no estaba muerto, andaba de parranda”. Me parece que es posible aplicar esas palabras a lo que sucedió en las últimas elecciones de octubre y noviembre recién pasado. Se pensaba que la o las oposiciones de alguna manera arrasarían en dichas elecciones y que las fuerzas oficialistas, se verían muy mermadas. No sucedió. Ciertamente no es que haya ganado las elecciones, pero tan mal no le fue. Muchos analistas se preguntan el porqué de este fenómeno. Si a ojos vista este gobierno lo ha hecho mal en casi todos o todos los ámbitos de su competencia, los pronósticos no fueron halagüeños. Sin embargo, ganó varias gobernaciones, algo impensado hace poco tiempo atrás; algunas de ellas muy importantes. Retuvo alcaldías significativas, como Maipú, Viña del Mar, Valparaíso. Se ve como un gran misterio tales resultados frente a la paupérrima gestión oficialista.
Entonces uno podría pensar que si este gobierno administrara un poquito mejor, algo improbable a mi parecer, los resultados hubieran sido sustancialmente mejores. Cabe preguntarse qué hacía y hace la derecha en sus distintas vertientes, que no capitaliza la mala gestión gubernamental. Por qué ese descontento no se expresa de manera más contundente en las votaciones de autoridades y no le otorga más representantes. Pareciera que algo se está haciendo mal. Que a la mala administración, se opone una mala oposición. Porque el gobierno de alguna manera se ha farreado estos años en el poder. Han estado de parranda, entre la nada y la cosa ninguna, como dice una popular expresión. Y aun así, tiene una votación nada de despreciable.
Una de las razones que puedo dar como argumento, es que la izquierda históricamente no baja del 25% de la preferencia ciudadana. Con todo el desastre existente en la Unidad Popular, dicho gobierno tuvo una base de apoyo importante, dado el desastre. A partir del año 1990 en adelante, la izquierda extraparlamentaria o izquierda más radical, siempre tuvo un candidato presidencial, que no bajó del 25% de votación (Arrate, MEO, Beatriz Sánchez, por ejemplo). Sumados toda la votación de dicha izquierda, rondaba el cuarto de preferencias ciudadanas. Y quienes nos gobiernan hoy, pertenecen a esa izquierda radicalizada, continuadora de ese extremo.
Otra razón, es también una parranda, pero ahora de las derechas u oposiciones. Los gustitos personales; la posibilidad de tener un cargo en un eventual próximo gobierno opositor; la no conciencia del real peligro al que estamos enfrentados como país; la falta de una base doctrinal sólida para enfrentar a una izquierda disolvente; y algunas otras razones, se pueden dar como argumento como para no haber obtenido un mejor resultado.
El próximo año vienen elecciones de Presidente y de parlamentarios. Vendrán también meses de negociación para definir los candidatos y una eventual primaria en la oposición. Pero la fiesta no debe continuar. El asunto es demasiado serio para no llevar candidaturas ganadoras y unitarias. El país está sumergido en la mediocridad y aún hay quienes sólo piensan en sus carreras políticas. Es posible que el gobierno siga de parranda política, pero la oposición debe ser más sensata y actuar con sentido patriótico.