Ya estamos por cumplir un año y cinco meses desde la llegada del Coronavirus a nuestra país y en este período ha pasado mucha agua bajo el puente y han ocurrido distintos acontecimientos. A saber:
Salud:
se hicieron grandes esfuerzos para comprar la mayor cantidad de
vacunas, resurgiendo de las profundidades el exitoso empresario que
corre por las venas del Presidente Piñera. Se cambia al ministro Jaime
Mañalich, quien será recordado con frases como “podría darse el caso que
el virus mute a buena persona” o “fue un error suspender las clases”.
Llega al Minsal el doctor Enrique Paris, la ciudadanía lo veía con
buenos ojos, pero con el correr del tiempo también cayó, al igual que su
antecesor, en constantes enfrentamientos con la prensa. Recordada es su
frase típica “Gracias por la pregunta, la contestará la subsecretaria
Paula Daza”, quien hace lo que puede y se ve cada vez más demacrada y
ojerosa. En esta área cabe destacar la gran labor del seremi (s) de
Salud de Magallanes, Eduardo Castillo, que ha gestionado
inteligentemente su cartera, en términos de trazabilidad, búsqueda
activa de casos y vacunación. Los actuales indicadores sanitarios de la
región se deben a su trabajo, que ha sido con independencia del nivel
central (no existe en otra parte de Chile los buses para tomar PCR o
para aplicar vacunas a lugares más alejados). Nadie se explica por qué
aún es “subrogante”, si lo ha hecho mucho mejor que su antecesora que
era “titular” (incluso al ingresar a la página web del Minsal aún
aparece en ese cargo Mariela Rojas). Creo que ya ha hecho méritos de
sobra para ser nombrado definitivamente en dicho cargo.
Educación:
en ésta área hemos visto constantes contradicciones y “reyertas” entre
el Mineduc y el Colegio de Profesores. El ministro Raúl Figueroa, a
estas alturas prácticamente es un robot que repite todos los días lo
mismo “el regreso presencial…”, es como poner “play” para que empiece
con su discurso, al igual que sus seremis. Hay que reconocer, eso si,
que el hombre se ha mantenido en una sólo línea. Se han observado
colegios que han invertido
en aulas híbridas, pero también se han evidenciado otras realidades,
donde los recursos escasean o no llegan y que prácticamente no han
tenido clases mediante ningún formato. Creo que el Estado ha estado en
deuda con los sectores vulnerables, porque una gran parte de los
colegios municipales/estatales no tienen los implementos necesarios para
entregarle seguridad a sus apoderados, estudiantes y funcionarios. El
ministro se centra sólo en la cifra de colegios que han abierto, pero no
señala cuántos alumnos han asistido. Pero en fin, todos estamos
haciendo el esfuerzo para volver a la presencialidad, porque es
necesario después de tanto encierro.
Política: se produjo un hecho histórico con la elección de los integrantes
de la Convención Constituyente, aunque nadie sabe cuándo realmente
empezarán a hacer su “pega”, ya que desde el 4 de julio a la fecha están
más preocupados de otras materias. También hemos asistido a numerosas
elecciones, algunas con baja participación ciudadana y otras con un poco
más de 3 millones de votantes (primarias presidenciales). Asimismo, al
parecer a algunos se le ha abierto el apetito por ser Presidente de
Chile: cuando todos creíamos que serían a lo más 3 o 4 candidatos,
resulta que ahora se comenta que habría una veintena. Finalmente, se
eligieron democráticamente los gobernadores regionales. Sin embargo,
todos los antiguos intendentes fueron “designados a dedo” como delegados
presidenciales, que en la práctica son un freno a la gestión de las
nuevas autoridades. Nadie entiende por qué los seremis siguen
dependiendo de la exintendenta, ahora delegada, Jenniffer Rojas, ¿qué
funciones o poder tiene realmente el gobernador? Es incomprensible cómo
quedó este “acuerdo” político, si hasta hubo confrontaciones respecto
de cuál de los dos ocuparía tal o cual oficina y, además, comparten el
mismo edificio, lo cual también generó más de un conflicto.
Muchas
anécdotas ha dejado esta pandemia, algunas “sabrosas” y otras no tanto,
pero al final del día, como país no hemos aprendido mucho, es más de lo
mismo, con otros nombres, pero seguimos siendo un Chile desigual, y en el que las necesidades de la gente parecen pasar a un segundo o tercer plano.