La
angustia es una emoción o un sentimiento que se caracteriza por el
miedo al futuro o miedo a que pase algo malo. Se trata de un estado de
expectativa negativa respecto a los eventos del futuro, no solamente de
un hipotético pesimismo, sino de la certeza que las cosas irán peor sin
posibilidad de hacer nada. Nuestra manera de pensar, de afrontar los
acontecimientos diarios o, dicho de otra forma, el cómo nos tomamos las
cosas y cómo nos disponemos frente a estas, son los elementos que
generan ansiedad.
Frente
a un mismo acontecimiento varias personas pueden vivirlo de formas
totalmente diferentes. Por ejemplo, el hecho de ser presentado a una
persona desconocida, alguien con alta autoestima podría pensar: “Seguro
que le gusto y le caigo bien”; otra con baja autoestima podría pensar:
“Se dará cuenta de mis debilidades y me rechazará”, y otra muy sensitiva
podría pensar: “Es mejor desconfiar de alguien desconocido”. Ante un
mismo hecho estas tres personas lo han interpretado de forma muy
diferente y el resultado es que cada una ha generado un estado emocional
diferente: el primero de satisfacción, el segundo de exclusión y el
tercero de temor o angustia.
Por
lo tanto, hay que aprender a identificar los pensamientos negativos
asociados a la ansiedad. Para aplicar estas técnicas hay que partir de
la máxima de que no por el hecho de pensar algo es cierto.
Los
pensamientos automáticos, irracionales y negativos son esos que
sobrevienen, a modo telegráfico a la mente, con frases como “¡eres
estúpido!”, “¡nunca aprobarás!”, “¡eres un fracasado!”, etc. Como se
está tan acostumbrado a estos pensamientos no se cuestionan. Incluso se
dan como válidos apenas se presentan en la mente. Pensamientos como
estos son los que causan angustia.Para cambiar los pensamientos
negativos y así modificar el malestar emocional hay que generar
pensamientos opuestos a aquellos que hacen sentir angustia.
-El
primer paso es hacerse consciente de qué pensamientos irracionales y
negativos están asociados a los momentos de angustia; no se pueden
cambiar los pensamientos si no se les reconocen. Por ejemplo: un
pensamiento que puede generar mucha angustia es “sería terrible si me
saco una mala nota”.
–
El paso siguiente es generar un pensamiento opuesto al inicial (no una
mera negación del anterior). Por ejemplo: “sacarme una mala nota puede
ser una oportunidad de encontrar otras estrategias de aprendizaje¨. La
única norma en este paso es que el pensamiento opuesto no sea algo que
dependa de factores externos (otras personas, el azar o el tiempo)sino
que dependa de uno mismo.
–
Argumente a favor del pensamiento opuesto: Por ejemplo: “las personas
que se sacan malas notas pueden aprender de sus errores¨. Luego
pregúntese: ¿Me hace sentir de forma distinta esta nueva forma de
pensar?
-Por
ultimo, internalice esta nueva perspectiva. Así paulatinamente empezara
a observar que se va sintiendo menos angustiado, mucho más seguro y
optimista. Teniendo presente que adquirir un nuevo hábito es un
proceso.