Animales altamente migratorios: importancia de proteger sus rutas

La
migración es un movimiento estacional y cíclico que realizan varias
especies de animales e implica movimientos masivos a distancias
variables desde un sitio a otro. Estos viajes están relacionados con los
cambios habituales del clima, con la disponibilidad del alimento o para
asegurar su reproducción. Además, y de gran importancia es que las
migraciones, permiten mantener el equilibrio ecológico de todos los
ecosistemas que participan en este evento, tanto los ecosistemas de
partida y de llegada como aquellos intermedios por los que pasan estos
individuos migrantes. Muchas especies realizan estos movimientos
masivos, desde pequeños insectos, peces, aves y hasta grandes mamíferos
como las ballenas. Los animales migratorios más famosos son, por
ejemplo, la mariposa Monarca que viaja cada año más de 3.000 kilómetros
desde el sur de Canadá, donde eclosionan de sus pupas, hasta México
entre los meses de agosto a octubre, donde hibernan hasta la primavera,
cuando emprende el trayecto de vuelta hasta Canadá, completando su ciclo
migratorio después de cuatro generaciones. Sin embargo, otro pequeño
insecto, la libélula, recorre unos 10.000 kilómetros desde el sur de
India hasta el sureste de África, demorando también cuatro generaciones.
Una de las migraciones más conocidas actualmente, es la de los grandes
cetáceos, cuyas especies pueden surcar algo más de 8.000-10.000 km desde
sus zonas de reproducción en bajas latitudes en busca de aguas ricas en
nutrientes en el océano Antártico, para luego recorrer la misma
distancia en sentido contrario hasta alcanzar las tibias aguas para el
nacimiento de los ballenatos. Pero las ballenas tampoco son los animales
más viajeros, puesto que dos aves marinas son las que rompen el récord,
la pardela negra que puede llegar a viajar hasta 40.000 kilómetros
prácticamente sin descanso, recorriendo todo el océano Pacífico, y la
campeona de todos los migradores, el gaviotín o charrán ártico, que con
apenas 125 gramos de peso cubren distancias de 80.000 kilómetros desde
el Polo Norte al Polo Sur y de regreso, una auténtica vuelta al mundo.
Es más, se estima que esta ave tiene una longevidad cercana a los 30
años, por lo que a lo largo de su vida habrá viajado unos 2,4 millones
de kilómetros, que es equivalente a seis veces la distancia entre la
Tierra y la Luna. Otras especies migratorias incluyen los salmones, el
tiburón ballena y tiburones martillos, murciélagos insectívoros y
nectarívoros, las tortugas marinas, los pequeños colibríes, aves
playeras y marinas, entre muchas otras. En efecto, en nuestra región, y
específicamente en el Estrecho de Magallanes, también tenemos algunos de
los grandes viajeros como son la ballena jorobada y la ballena sei, y
por cierto de algunas aves playeras que migran desde el hemisferio norte
hasta bahía Lomas para alimentarse y descansar. Este fenómeno milenario
que aún sigue sucediendo cada año en el planeta es, sin duda, una de
las mayores maravillas del mundo natural, pero que a su vez tiene
aspectos que aún siguen siendo materia de estudio para nosotros, como,
por ejemplo, cómo se orientan para no extraviarse en su ruta migratoria.
Algunos investigadores han planteado que algunos animales nacen con
mapas de rutas grabados en sus genes o son capaces de calcular las
distancias según la altura u orientación del sol, y otras son aprendidas
de generación en generación, pero cualquiera sea el caso, todos
encuentran su camino. No obstante, para que esto ocurra, todos los
animales requieren de condiciones favorables en sus rutas migratorias
para cubrir estas grandes distancias. Por ejemplo, algunas aves y
libélulas suelen ayudarse de los vientos alisios y otras corrientes de
aire; algunos invertebrados, peces, anfibios y también reptiles,
aprovechan las corrientes de agua; otros sitios de parada momentánea
para recuperar fuerzas y continuar con el viaje. Sin embargo, las
actividades humanas guiadas por el individualismo y la ambición, están
poniendo en peligro estas vías migratorias con la modificación de
hábitats, costas, deforestación de bosques y selvas, y el cambio
climático que está incidiendo en la estacionalidad, en las corrientes
marinas y atmosféricas, afectando a su vez la sincronización de la
fenología de los movimientos con la producción de los recursos por los
cuales viajaron esas grandes distancias. Es nuestra responsabilidad,
como Centro Regional Cequa, estudiar estos movimientos migratorios para
colaborar en la búsqueda de soluciones a fin de mitigar los problemas
que se derivan de la interacción de estos animales con las actividades
humanas, así como la comprensión. colaboración de todos para seguir
conservando uno de los ritmos naturales más maravillosos de nuestro
planeta como son las grandes migraciones animales.

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