La
anomia es un concepto de índole tanto sociológico como psicológico y se
refiere a la falta de normas o cuando estas ya no son respetadas por
los integrantes de una comunidad. Este concepto está ligado al caos o a
la incapacidad de freno moral ya sea del individuo o de la sociedad.
Las
normas son reglas que determinan tanto el comportamiento, las
relaciones sociales al igual que la convivencia con los otros. Dicho de
otra forma, son los límites que regulan y guían el comportamiento y
permiten establecer hasta dónde la conducta humana puede llegar y hasta
dónde no puede. Se espera que las normas sean respetadas por todas las
personas para mantener el orden y la armonía en un determinado
contexto. Estas se establecen para que las personas interactúen entre sí
de una manera esperada y gracias las reglas sociales se consigue que la
convivencia de unos con otros sea posible y más llevadera.
Por
otra parte, el no cumplimiento de las normas conlleva un rechazo social
o una sanción. Por ejemplo, en las normas o leyes del tránsito existen
límites de velocidad permitidos. Excederse de estos puede significar una
multa e inclusive podría conllevar la suspensión de la licencia de
conducir . Por lo mismo, los expertos señalan que el miedo juega un
papel importante en la motivación para cumplir las normas y a su vez
cumple un papel disuasivo para no transgredirlas.
Existen
las normas formales e informales. Una norma formal es una regla que ha
sido escrita y puede hacerse cumplir mediante sanción. Un ejemplo de
ellas son las leyes. Por otra parte, las normas informales son reglas
que gobiernan la conducta humana dentro de una sociedad, generalmente
son entendidas por todos los miembros de ese grupo. Si la persona no
adhiere a una norma informal, no se le castiga ni se encarcela, como
ocurre cuando se rompe la ley, pero si se producen repercusiones
sociales negativas. Un ejemplo de este tipo de norma es: Decir: “Por
favor” y “Gracias”. Esta norma está tan afincada en las interacciones
sociales, a tal punto que cuando alguien no agradece a menudo se le
considera una persona grosera e incluso ofensiva.
Para
que una persona sea capaz de respetar las normas, debe ser formada
desde pequeño en este sentido, para lo cual entre otros aspectos hay que
considerar lo siguiente:
–
Cada regla debe ser adecuada para edad del niño. Esperar que una
criatura de dos años, ordene todo su dormitorio por sí mismo es una
exigencia excesiva para un niño tan pequeño.
–
Las reglas deben ser muy claras. Por ejemplo, decirle: ¡Compórtate
bien!’ es algo muy general, no da instrucciones y solo podría crea
desconcierto. Sin embargo ¡Acuéstate a las 21!00 horas! es un mensaje
preciso.
–
Por último, cuando un niño ha demostrado que es capaz de respeta una
regla, los adultos deben mostrarle aprobación por ello, entregándole un
mensaje claro y positivo sobre lo que hizo. De este modo, querrá
repetirlo espontáneamente.