Ansiedad climática

El mes pasado la APA (Asociación Estadounidense de Psiquiatría) accedió a incluir la agravante climática
en la estadística y el manual de diagnóstico de trastornos mentales.
Esto es alarmante, pues indica que los niveles de angustia que sienten
algunas personas por la situación de destrucción que vive el planeta
se ha instalado como una nueva patología en la salud mental.

Vivimos en un país altamente sensible frente al fenómeno del cambio climático,
ya que Chile reúne al menos siete de las nueve características de
máxima vulnerabilidad, y a pesar de que no somos una isla, sí tenemos
territorio insular y muy vulnerable, y hoy
nos preocupa especialmente la escasez de un recurso que concebíamos infinito: el agua. Es entonces comprensible que mucha gente tienda a sentirse deprimida y ansiosa. Hay una determinante geográfica-ambiental
que afecta su salud mental de manera predeterminada. Muchas personas
están expuestas a condiciones ambientales insostenibles y de permanente
amenaza.

Es
ahí cuando los profesionales de la salud mental toman un rol que va más
allá de tratar los casos que llegan a manifestaciones clínicas, ya que,
como expertos, pueden ayudar a redirigir las emociones hacia una acción
constructiva. Pero antes de llegar a eso, mucho podemos hacer con la
educación ambiental, buscando transmitir conocimientos y enseñanzas
respecto a la protección de nuestro entorno natural, la vida al aire
libre, la importancia de resguardar el medioambiente, con el fin de
generar hábitos y conductas en la ciudadanía, incorporando valores y
entregando herramientas para que tiendan a prevenirlos y resolverlos.

En Chile esta educación es clave para el desarrollo ambiental de nuestro país, ya que tenemos muchas situaciones que corregir en este campo. Un hito en esta línea se dio
al incorporar la educación ambiental en la Ley 19.300 (1994) de Bases
Generales del Medioambiente, situándola al nivel de instrumento de
gestión ambiental y, por ende, como una obligación el Estado. Allí se
estableció que la educación ambiental es “un proceso permanente de
carácter interdisciplinario destinado a la formación de una ciudadanía
que reconozca valores, aclare conceptos y desarrolle las habilidades y
las actitudes necesarias para una convivencia armónica entre seres
humanos, su cultura y su medio físico circundante”. Luego se aprobó la
Política Nacional de Educación para la Sustentabilidad, documento que
fija los grandes lineamientos que determinan el actuar de los distintos
sectores con el propósito de formar una ciudadanía activa en la
construcción del desarrollo sustentable del país.

La educación ambiental evolucionó hacia la interrelación del ser humano, su ambiente, el modelo de desarrollo económico y la cultura, entre otras cosas. La ONU decretó al período entre 2005 y 2014 como el Decenio de la Educación para el Desarrollo Sostenible, y con la Agenda 2015-2030 incorporó la Acción por el Clima, de manera específica, en el ODS13. Así, se establece que la educación ambiental
se aborde de manera transversal y sistémica, orientada hacia la
resolución de problemas y con un fuerte componente actitudinal y ético,
ya que no debe trabajarse solamente desde el conocimiento de las
temáticas ambientales y la sensibilización, sino desde la formación
valórica que permita una transformación de la sociedad de una manera
integral.

La
tarea es profunda y comprometida: educar para cambiar la sociedad y que
la toma de conciencia se oriente hacia un desarrollo humano que sea
simultáneamente causa y efecto de la sostenibilidad y la responsabilid
ad global. No deberíamos llegar a situaciones como la ansiedad climática a niveles de patología.

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