¿Aplazar las elecciones y qué más?

Chile es uno de los
países del mundo que más ha avanzado en vacunar a su población; sin
embargo, al mismo tiempo, registra cifras récord de contagios. Con
contagios promediando 7 mil diarios, con un sistema sanitario casi
colapsado, con una tasa de fallecimiento en alza y con 4 de cada cinco
chilenos en cuarentena, la realidad de la pandemia en Chile experimenta
hoy su peor expresión. En este contexto el gobierno reaccionó enviando
al parlamento un proyecto que aplaza las elecciones. Hasta ahí algo de
lógica y seguramente en términos generales, al parecer, algo de
aceptación transversal. Sin embargo, el gobierno en su proyecto evita
realizar una evaluación de las causas de la situación crítica que llevan
a este aplazamiento, menos aún del análisis de las políticas sanitarias
actuales.

El
exitismo del gobierno en torno al proceso de vacunación lo llevó a
relajar las medidas que permitían contener la propagación del virus.
Mientras más se requería mantener las medidas de contención, de cuidado
personal, de insistir en que seguíamos en pandemia, el gobierno decidió
ir en sentido contrario, autorizando permisos especiales de vacaciones,
la apertura de comercio y salas de entretención en fase 2, fomentando el
retorno a clases presenciales, lo que en la práctica significa millones
de chilenos movilizándose, millones de chilenos exponiéndose al
contagio. Considerando que la experiencia internacional permitía
asegurar que tendríamos problemas al terminar las vacaciones de verano,
las medidas adoptadas por el gobierno son por lo menos irresponsables,
aunque negligentes o criminales bien podrían ser términos que se ajusten
a la evaluación.

El
mismo exitismo también se asimila en la ciudadanía como una señal de
fin de pandemia y las personas responden conductualmente en
correspondencia. Muchas personas asimilaron la idea que con el inicio de
la vacunación se acababa el problema y que pronto podríamos retornar a
cierta normalidad. Por lo tanto, al ser los “top ten” de inmunización y
al escuchar la misma cantinela todos los días, la gente quizás por
confiada, quizás por cansada, quizás por sensación de seguridad, relajó
las medidas de autocuidado, aumentó sus desplazamientos y contactos, y
ahora pagamos las consecuencias de ello.

Suspender
las elecciones es una medida que previene la posibilidad de poder tener
eventuales focos de contagios; sin embargo, no es la solución al
momento crítico que se vive. Esta es una crisis sanitaria, social y
económica y mientras el proceso de vacunación no logre frenar la tasa de
contagios, se requiere con urgencia medidas decididas y señales claras
para reducir la movilidad, entre otras, suspender todo tránsito
internacional no necesario, hacer más rigurosas las medidas de
contención, invertir en una adecuada trazabilidad, suspender las clases
presenciales hasta el segundo semestre, entregar el apoyo económico
apropiado a las familias sin postulación, sin letra chica y universal,
dar certezas a las pymes y puestos de trabajo. Caso contrario suspender
las elecciones será una medida sin sentido y de seguir todo igual,
transcurrido un tiempo, tendremos una vez más que aplazarlas.

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