No
es la pretensión confundir. El título propuesto es un neologismo, muy
propio de la modernidad del siglo de las comunicaciones, en tanto supone
el empleo, de parte de un usuario, de un programa o una herramienta
informática que le permite efectuar diversos trabajos, operaciones o
funciones. Se trata de las ya hiperconocidas apps o aplicaciones
móviles. ¿Appducido se parece a abducido? Hum, sí, se funden sus formas y
sus significados se intrincarían, pero no.
¿Appducidos?
¿Se han sentido appducidos alguna vez? Es probable que muchos no se
sientan reconocidos en esta calificación. Porque en este caso, más bien,
entendemos o entenderemos por appducidos, a quienes son, somos
atrapados, arrebatados o apartados por el indiscriminado uso de las
aplicaciones móviles ya presentes en nuestros teléfonos móviles, además
del sinnúmero de aplicaciones que añadimos por recomendación o propia
decisión.
Añado
una consulta decidora. ¿Saben cuánto tiempo usamos semanalmente el
teléfono móvil? En esta cuenta no se consigna el número de llamadas
telefónicas realizadas o recibidas ni el tiempo de ellas; eso es la
base, para eso es destinado el uso del teléfono móvil; no, el uso del
aparato en cuestión se utiliza de modo incremental según el número de
aplicaciones móviles disponibles en él. ¿Nombro algunas? WhatsApp,
Facebook, Instagram, Twitter, YouTube, Gmail, Amazon, Google maps,
Telegram, Spotify,… solo para comenzar, entre las más utilizadas el año
recién pasado. ¿Las reconocen, cierto?
Es
posible que no apreciemos a simple vista cuánto tiempo nos consume el
portar el teléfono móvil, o derechamente el grado de dependencia de su
uso, más allá de llamar o recibir llamadas, de enviar mensajes y
contestarlos, o como es el caso que comentamos, el uso de mil y una
aplicaciones de diverso tipo preinstaladas, o que hemos ido añadiendo
por un u otro azar. En este último caso, quizás no lo advertimos todos,
se trata de una verdadera adicción; entonces, vale la pregunta, ¿estamos
appducidos? O, ya con reconocimiento por medio, ¿hemos sido appducidos y
ya venimos de regreso? Pero, ¿estamos curados? ¿Cuántas horas promedio
semanal acusa nuestro propio teléfono móvil?
Este
grado de dependencia asumido o no, ¿quién o quiénes lo padecen más?
¿Los usuarios directos o las personas que nos rodean? ¿Por qué quienes
nos rodean? Porque si en situación de presencialidad, en grupo, algunos
si no están conectados con sus propias aplicaciones móviles, otros lo
que esperan es interactuar, conversar, platicar con sus amistades,
quizás después de qué tiempo que no se encontraban. La acción más
reprochable es que mientras están juntos alguien dedique ese tiempo o
parte de él a estar revisando su móvil, en realidad revisando sus
aplicaciones móviles.
¿Appducidos?
No lo duden, por angas o por mangas, sí. Como parece que no es posible
contener tal avalancha, debemos adoptar algunas medidas de contención.
Sugiero revisar cuál o cuáles sí son esenciales, caso contrario
desestimarlas, suspenderlas, y mantener las más necesarias en función de
la actividad profesional, académica o laboral del usuario.
Hay
que comenzar. Tomen el toro por las astas. Esta semana desechen, sin
remordimientos, entre cinco y diez aplicaciones (por ejemplo, aquellas
de divertimento, de juegos). En quince días más, otras cinco. Y si es
necesario desestimar otras, ¡bien! Y notarán diferencias. De ahí, me
cuentan.
¡No
se aparten! Vuelvan a la comunicación personal. Que disminuya el tiempo
de uso del teléfono móvil. ¡Salud! Que se convierta en mucha salud.