El
aprender a aprender es la capacidad que le permite al estudiante
conocer, controlar su propio aprendizaje e igualmente mejorar su
proceso de enseñanza-aprendizaje.
Quienes
deseen desarrollar esta competencia deben saber que el aspecto
emocional tiene un papel primordial en el aprendizaje, porque se
vincula con las motivaciones y expectativas que influyen en este
proceso. Hay emociones que ayudan a aprender, pero otras lo limitan. Las
emociones positivas impulsan a seguir aprendiendo. No obstante, las
emociones negativas harán que las personas quieran dejar de hacerlo.
Las emociones negativas son aquellas que producen malestar psicológico o
desagrado tales como: el miedo, la ira, etc. Por lo tanto, si una
persona está muy deprimida o muy asustada le costara muchísimo
concentrarse, memorizar o comprender, las cuales son funciones básicas
constituyentes del proceso de aprendizaje.
Posteriormente,
otro aspecto muy importante que hay que considerar en el aprender a
aprender es conocer el “estilo de aprendizaje”. Es decir, cada persona
utiliza su propio método o estrategias para aprender. Algunos autores
identifican los siguientes:
–
Estilo profundo. Este enfoque está centrado en la comprensión del
contenido. Al alumno le interesa la calidad del aprendizaje más que la
cantidad. Lo cual se manifiesta en la formulación de preguntas o
problemas que permiten interrelacionar y analizar la información
relevante, con miras a obtener una conclusión. Por ejemplo: si la tarea
propuesta es la lectura, el alumno tratará de comprender dónde quiere
llegar el autor, buscará argumentos y datos. Luego relacionará las
nuevas ideas con el conocimiento que ya había internalizado
anteriormente.
–
Estilo superficial. Al utilizar este enfoque, el alumno centrara su
intención en el cumplimiento de lo que cree que son las exigencias o
expectativas que posee el profesor respecto a la tarea. Acá el alumno
se preocupa de la cantidad más que de la calidad del aprendizaje.
Considera la tarea como una exigencia que debe ser satisfecha y
cumplida, una imposición necesaria para poder alcanzar las metas.
Igualmente, el alumno aquí se preocupa mucho más por el fracaso que por
el aprendizaje. Esto genera muchísimas veces el empleo de
procedimientos poco reflexivos, aislados y de tipo memorístico. Si la
tarea propuesta tiene relación con la lectura, el alumno centrará su
atención en la búsqueda de las posibles preguntas que podrían realizarle
en una interrogación.
–
Estilo estratégico. El estudiante se centra en la obtención del mejor
resultado posible, busca la forma de obtener mejores notas. Se preocupa
por conocer los propósitos del profesor al evaluar y se concentra en
aquellos aspectos que son importantes para el logro de los objetivos.
Considera importante satisfacer todos los requisitos formales de la
tarea, como: presentación, tiempo de realización, interpretación de
esta, etc. Este estilo impide que la vida social y personal del alumno
interfiera en sus estudios.
–
Estilo óptimo. Para algunos autores este estilo sería el siguiente: los
alumnos deberían abordar su proceso de aprendizaje combinando el
estilo profundo con el estilo estratégico.