Al
parecer no habrá una casa común, porque cualquiera sea el resultado no
existe la disposición para el reencuentro, casi en ninguno de los
aspectos centrales que plantea el proyecto de nueva constitución, la
brutal descalificación de la Convención Constituyente y la absoluta
perdida de legitimidad de la Constitución que aún nos rige, plantea
todas las insuficiencias de nuestra propia transición a la democracia,
en que se dejaron muchos temas pendientes, hubo que reconocer, cuando no
legitimar demasiados privilegios, que hoy para el sector que domina sin
contrapesos en lo económico cualquier mención al Estado Social y
Democrático de Derecho, los horroriza, porque privilegian un Estado que
ojalá permanezca en la penumbra, que emerja sólo ante una pandemia o
catástrofe natural.
El 4 de septiembre no será el día del reencuentro en la casa de todos, porque estas expresiones no
pasan de ser un eufemismo que oculta el debate de fondo, sobre la
necesidad que la Constitución regule el Estado y la Sociedad
Democrática, donde la plena armonía no es posible, pero si al menos la
coexistencia pacífica donde los distintos intereses se canalicen por
mecanismos institucionales que operen, sin los privilegios, el lobby y
el abuso de poder que en casi todas las instancias de la vida social hoy
se impone.
La
Convención Constituyente, con todas sus insuficiencias, fue la
expresión de nuestro país, del Chile real, con todos sus temores y
desconfianzas, en la cual se manifestó la más absoluta pérdida de
credibilidad en nuestra clase política, pero por sobretodo imperó en
ella también el miedo al pasado y el interés por sepultar ese pasado.
La propaganda casi unilateral por el rechazo, se ha valido de toda
suerte de falacias, pero por sobretodo todo también se funda en el
miedo, en una verdadera campaña del terror hacia los cambios, porque en
realidad nadie rechaza para reformar sino para conservar alguna cuota de
poder o privilegios, sean estos económicos o de otra índole.
Entre el terror por el cambio y la pérdida de legitimidad del orden constitucional vigente, no hay lugar
para los amarillos, que en estos días han desteñido hasta lo indecible,
quizá éste sea el sector que so pretexto de encubrirse en la moderación
es presa ya no sólo del temor controlable sino que del pánico, que
pretende conducir al país a una suerte de histeria colectiva. Por el
contrario, la única forma posible de continuar cohabitando, a lo menos,
hasta que baje la espuma, es aprobar, confiar en lo que planteó una
Convención Constitucional, intachable, al menos en su generación, lo que
dará al extenso nuevo texto constitucional la posibilidad de surgir a
la nueva vida jurídica con la legitimidad que actual Constitución no
tiene.
Con relación a los defectos de forma que se le atribuyen al proyecto,
cabe recordar que, ni siquiera un jurista de la talla de Andrés Bello,
tuvo la pretensión de proponer un texto perfecto como se señala en el
Mensaje del Código Civil Chileno, por don Manuel Montt, el 22 de
noviembre de 1855, donde también se reconoce que de haber entregado la
discusión de esa obra a las Cámaras Legislativas, se habría retardado
en siglos su promulgación. Es por ello que, la opción razonable,
prudente y con opción de consolidar una obra perfectible es aprobar sin
temor, con serenidad y confianza en un proceso que no cabe dudas tendrá
las garantías de transparencia y formalidad que hasta ahora nos ha
caracterizado como país.
El rechazo no es opción para reformar ni para mejorar nada de la
propuesta de nueva constitución, es la opción por conservar y ojalá para
que un nuevo texto constitucional no vea la luz en los próximos
decenios y quizá nunca, salvo ligeros maquillajes de estilo que
satisfaga el ego de algunos que presumen ser los sumos sacerdotes del
derecho constitucional, sería lamentable para el país que una vez más se
imponga el temor por sobre la cordura, pues esta opción sólo generará
mas desconfianza y nos obligará a seguir viviendo bajo un orden
constitucional en cuya legitimidad nadie cree, pero que puede tener
larga vida, como el enfermo agónico que requiere cada cierto tiempo algo
más de oxigeno.